El riesgo de una reanudación del conflicto bélico total en Medio Oriente alcanzó su punto más crítico desde el inicio del alto el fuego. El ejército israelí se declaró en estado de máxima alerta operativa a la espera de una decisión final del presidente Donald Trump, quien según fuentes gubernamentales citadas por el diario hebreo Yedioth Ahronoth considera que Teherán no cederá a sus exigencias para alcanzar una paz duradera. En paralelo, The New York Times informó que el Pentágono ya diseña planes de contingencia para retomar las operaciones militares directas contra Irán, argumentando que los objetivos estratégicos de Washington no fueron alcanzados, en particular el desmantelamiento de la infraestructura nuclear iraní. La parálisis diplomática y el endurecimiento de ambas posturas reactivaron las maquinarias de guerra en un escenario que la comunidad internacional observa con alarma creciente.
Teherán respondió con una advertencia de máxima dureza. El portavoz de las Fuerzas Armadas iraníes, el general de brigada Abolfazl Shekarchi, afirmó que cualquier nueva incursión armada en su territorio desencadenará una respuesta "más contundente, severa y devastadora" que las anteriores, con tácticas de represalia "sorpresivas" en toda la región. La declaración iraní se produce en un contexto en que Estados Unidos y Baréin impulsaron en la ONU una polémica resolución para quebrar el cerco iraní en el estrecho de Ormuz, movimiento que Teherán interpretó como una provocación directa y una señal de que Washington ha descartado definitivamente la vía diplomática.
El cuadro que se configura es el más peligroso desde el inicio del conflicto en febrero: el alto el fuego está, en palabras del propio Trump, "en cuidados intensivos"; las negociaciones fracasaron tras el rechazo iraní de la propuesta de 14 puntos; Israel tiene los objetivos marcados y espera únicamente la luz verde de Washington; y el Pentágono tiene listos los planes de ataque. A ese escenario se suma el acuerdo alcanzado en Pekín entre Trump y Xi Jinping de que Irán no puede desarrollar armas nucleares, lo que otorga a Washington un respaldo diplomático sin precedentes para justificar una reanudación de las hostilidades. Con tropas estadounidenses e israelíes desplegadas en posiciones de ataque y Teherán prometiendo sorpresas devastadoras, el margen para evitar una nueva escalada se ha reducido a su mínima expresión.