El Pentágono estima que el desminado del estratégico estrecho de Ormuz podría insumir hasta seis meses una vez finalizado el conflicto bélico con Irán, según reveló esta semana The Washington Post en base a tres fuentes anónimas. De acuerdo con el diario estadounidense, un alto funcionario del Departamento de Defensa transmitió esa proyección durante una sesión informativa celebrada ante miembros del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes. Las autoridades militares señalaron además que Irán podría haber sembrado más de una veintena de minas en la zona, algunas de ellas desplegadas mediante embarcaciones pequeñas o sistemas de control remoto, lo que dificulta significativamente su localización.
El escenario proyectado implica que los efectos económicos del conflicto se extenderían hasta prácticamente el último trimestre del año, incluso en el caso de que se alcanzara una paz inmediata con Teherán. Esa cronología tiene una carga política considerable para la administración Trump: los efectos del cierre del estrecho —paso clave para el comercio mundial de hidrocarburos— aún se harían sentir cuando Estados Unidos celebre las elecciones legislativas de medio mandato en noviembre, comicios decisivos para que los republicanos retengan el control del Congreso.
El conflicto acumula, en paralelo, un creciente costo político interno. La guerra se ha vuelto impopular incluso entre el electorado más fiel al trumpismo, afectado por el aumento en el precio de los combustibles y el escalado gasto militar. A la complejidad del escenario se suma otro dato inquietante revelado en la sesión informativa: las propias fuerzas iraníes tendrían dificultades para ubicar parte de las minas que sembraron, lo que añade una capa adicional de incertidumbre a cualquier operación de desminado futura.