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Neuquén y Río Negro, ante la década que puede cambiar su historia energética

Con inversiones millonarias, nuevos gasoductos y proyectos de GNL, la cuenca entra en una etapa decisiva. Un informe de Epyca Consultores advierte que el próximo salto dependerá tanto de la infraestructura y las exportaciones como de la capacidad de sostener el desarrollo en el territorio.

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Viernes, 16 de octubre de 2026 a las 14:03
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La próxima etapa no se resolverá únicamente con capital y recursos geológicos. La infraestructura vial aparece entre los principales límites para acompañar el ritmo de la actividad.

Neuquén y Río Negro llegan a la Argentina Oil & Gas Patagonia 2026 con una oportunidad histórica: transformar la expansión de Vaca Muerta en una plataforma exportadora capaz de generar divisas, atraer inversiones y redefinir el peso económico de la Patagonia. Pero el salto también exige resolver cuellos de botella en infraestructura, mano de obra, servicios y gestión ambiental.

El diagnóstico surge de un informe de Epyca Consultores, elaborado para la exposición que se realizará en Neuquén del 19 al 22 de octubre. El estudio identifica un cambio de etapa para la industria: después de años concentrados en aumentar la producción, el desafío pasa por evacuar los hidrocarburos y monetizarlos en los mercados internacionales.

Los números explican la dimensión del fenómeno. En agosto, Vaca Muerta aportó el 74% del petróleo y el 75% del gas producido en el país. Además, las exportaciones neuquinas de combustibles y energía alcanzaron los 4.226 millones de dólares durante el primer semestre, con un crecimiento interanual del 44%.

La provincia proyecta, a su vez, inversiones por 12.000 millones de dólares para 2026. Con esos recursos en juego, la formación dejó de ser solamente una oportunidad para la economía regional: se convirtió en una pieza central de la estrategia argentina para generar divisas.

Una alianza energética con dos protagonistas

La nueva etapa consolida una división de funciones cada vez más relevante. Neuquén concentra la producción, las concesiones y buena parte de las inversiones en los yacimientos. Río Negro gana protagonismo como territorio de infraestructura, transporte y salida al mercado internacional.

El oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), los proyectos de exportación de gas natural licuado (GNL) y las obras asociadas a nuevos corredores energéticos apuntan a ampliar la capacidad de evacuación. El objetivo es que el crecimiento de la producción encuentre transporte, compradores y financiamiento suficientes para sostenerse.

En ese esquema, el proyecto Argentina LNG aparece como una de las grandes apuestas de los próximos años. Su avance depende de consolidar el financiamiento, cerrar acuerdos comerciales y pasar de los anuncios a las decisiones definitivas de inversión y la ejecución de las obras.

El interés internacional también amplía el horizonte. Según el informe, el financiamiento estadounidense, la demanda europea y la participación de actores del Golfo confluyen sobre los proyectos argentinos. La posibilidad de vender gas a gran escala obliga a pensar en contratos de largo plazo, competitividad y previsibilidad.

El crecimiento también modificó la relación entre las provincias y las compañías. Neuquén consolidó un esquema que vincula las nuevas concesiones con compromisos de infraestructura y condiciones específicas para los proyectos de GNL. El acuerdo con YPF para Argentina LNG establece estabilidad fiscal por 30 años, beneficios tributarios y regalías variables vinculadas al precio internacional del gas. La provincia busca así combinar incentivos para inversiones de gran escala con ingresos y obras que fortalezcan su economía.

Río Negro, por su parte, procura consolidarse como plataforma exportadora sin resignar la posibilidad de desarrollar producción propia. La reconversión de áreas a concesiones no convencionales y el proyecto de una zona franca en Punta Colorada forman parte de esa estrategia.

Para Epyca, ambas provincias fortalecieron su capacidad de negociación frente a las empresas y el Gobierno nacional. La aprobación de acuerdos energéticos con respaldos legislativos amplios contribuye a dar previsibilidad, un factor clave para proyectos que requieren inversiones de miles de millones de dólares y plazos prolongados.

El desafío empieza fuera del pozo

Sin embargo, la próxima etapa no se resolverá únicamente con capital y recursos geológicos. La infraestructura vial aparece entre los principales límites para acompañar el ritmo de la actividad. En Neuquén, el bypass de Añelo y las iniciativas para mejorar las rutas 7, 8 y 51 reflejan la necesidad de reducir costos logísticos y ordenar el tránsito pesado. En Río Negro, las rutas nacionales 22 y 151 siguen siendo piezas sensibles para el transporte de insumos hacia la cuenca.

A esa presión se suman la disponibilidad de trabajadores calificados, la capacidad de los servicios urbanos y la demanda de proveedores regionales. El crecimiento de la industria abre oportunidades para las empresas locales, pero también plantea el desafío de garantizar que puedan competir y participar de una porción significativa de las contrataciones.

La licencia social será otro factor determinante. La gestión de residuos de perforación y fractura en Neuquén, las demandas de las comunidades y las controversias ambientales vinculadas con el Golfo San Matías en Río Negro integran una agenda que puede incidir en los plazos y en la viabilidad de los proyectos.

El calendario político agrega presión. En 2027, ambas provincias elegirán gobernador mientras varios de los grandes emprendimientos energéticos podrían ingresar en etapas decisivas de construcción. La continuidad de las inversiones y la distribución de sus beneficios serán parte central de la discusión pública.

El informe de Epyca plantea que el principal desafío ya no consiste solamente en conseguir leyes, concesiones o compromisos financieros. Se trata de demostrar que las reglas se cumplen, las obras avanzan y el desarrollo energético genera beneficios concretos en los territorios donde se produce y se exporta.

La AOG Patagonia llega, así, en un momento de inflexión. Vaca Muerta tiene escala productiva, atrae capitales y cuenta con proyectos capaces de ampliar de manera significativa las exportaciones argentinas. La oportunidad es enorme, pero su consolidación dependerá de la capacidad de convertir esa ventaja geológica en infraestructura, empleo, proveedores competitivos y una convivencia sostenible con las comunidades. La próxima década puede cambiar la posición económica de Neuquén y Río Negro. El desafío será que la riqueza que sale de la cuenca también se traduzca en desarrollo duradero para la Patagonia.

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