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RIGI: dos años después, Neuquén reclama que las grandes inversiones se traduzcan en desarrollo

El régimen permitió acelerar proyectos de gran escala, pero el debate que se abre ahora apunta al impacto territorial: infraestructura, empleo, proveedores y servicios. En la UBA, Rolando Figueroa advirtió sobre las nuevas demandas que genera el crecimiento de Vaca Muerta.

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El RIGI fue pensado para atraer grandes inversiones. Para Neuquén, la discusión que sigue es qué queda en el territorio después de que esas inversiones llegan.

A dos años de la aprobación del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el debate sobre sus resultados empieza a correrse del volumen de capitales comprometidos hacia una pregunta central para Neuquén: cómo transformar las inversiones asociadas a Vaca Muerta en desarrollo económico y social para la provincia.

El gobernador Rolando Figueroa puso el foco en ese desafío durante una conferencia organizada por la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA y el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (UBA-CONICET), donde especialistas, funcionarios y representantes del sector privado analizaron el desempeño del régimen.

Figueroa remarcó que el crecimiento de Vaca Muerta ya está generando nuevas demandas de infraestructura, educación, salud, vivienda y capacitación, y señaló que la provincia trabaja para acompañar la expansión de la actividad energética y lograr que sus efectos alcancen al conjunto de la economía neuquina.

La discusión adquiere particular importancia en Neuquén, donde la aceleración de las inversiones hidrocarburíferas convive con una creciente presión sobre rutas, servicios, ciudades, viviendas y recursos humanos. El desafío ya no es solamente atraer capital para producir petróleo y gas, sino generar las condiciones para sostener ese crecimiento.

Durante la jornada, los especialistas coincidieron en que el RIGI respondió a una necesidad concreta de la Argentina: ofrecer previsibilidad y reducir riesgos para proyectos de gran escala en un contexto en el que el país tenía dificultades para captar inversiones.

Fabio Quetglas, exdiputado nacional, sintetizó ese punto al señalar que, en las condiciones que atravesaba el país, Argentina difícilmente hubiera recibido grandes inversiones sin un instrumento de estas características.

Flavia Royón, senadora nacional por Salta, también consideró que el régimen era necesario para sectores estratégicos como petróleo y gas, minería, litio, cobre y GNL. Aunque advirtió que algunos beneficios pueden resultar demasiado amplios y que existen aspectos que deberían corregirse, sostuvo que contar con la herramienta era preferible a no tenerla.

El impacto sobre Vaca Muerta ya puede observarse en proyectos concretos. Entre los desarrollos recientes, Compañía Mega obtuvo la aprobación de un proyecto RIGI por unos US$360 millones para ampliar su capacidad de procesamiento de líquidos del gas natural, con obras que alcanzarán a Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires.

También existen proyectos de expansión de producción en la Cuenca Neuquina que buscan aprovechar el régimen para acelerar inversiones de gran escala.

El punto que plantea Figueroa

Para Neuquén, sin embargo, el volumen de inversiones es apenas una parte de la ecuación. El crecimiento de Vaca Muerta genera una demanda que excede a las empresas petroleras. Cada nuevo proyecto necesita trabajadores, transporte, logística, viviendas, servicios, infraestructura y proveedores.

La advertencia de Figueroa apunta precisamente a ese efecto multiplicador. Si la producción hidrocarburífera aumenta con rapidez, la provincia necesita acompañar ese proceso con inversión pública y privada que permita absorber el crecimiento sin que las ciudades y los servicios queden rezagados.

La capacitación aparece como otro punto crítico. La expansión de la actividad requiere trabajadores especializados y, al mismo tiempo, abre una oportunidad para ampliar las capacidades de la población neuquina y fortalecer el entramado de proveedores locales.

En otras palabras, el desafío para Neuquén es que el RIGI no sea solamente un mecanismo para facilitar la llegada de capitales, sino una herramienta dentro de un proceso más amplio de desarrollo territorial.

El debate sobre los beneficios

El balance nacional del régimen también abrió una discusión sobre el costo y la duración de los incentivos. Ricardo Carciofi, investigador del IIEP, sostuvo que el tratamiento privilegiado de los proyectos puede entenderse por el objetivo de atraer inversiones, pero advirtió que se trata de una situación transitoria.

Como el régimen tiene vigencia hasta 2027, planteó que no debería prorrogarse automáticamente y reclamó una evaluación previa, con información pública sobre los beneficios otorgados y los resultados obtenidos.

Juan Carlos Hallak, director de la Maestría en Economía de la FCE-UBA, consideró que los dos años de implementación permiten extraer aprendizajes sobre el diseño y la gestión del régimen, incluidos los mecanismos de evaluación y los márgenes de discrecionalidad.

La propia Facultad de Ciencias Económicas de la UBA presentó el encuentro como un espacio para discutir al RIGI como instrumento de modernización productiva. La conferencia se realizó el 20 de agosto y reunió a especialistas, funcionarios y representantes privados.

¿Un RIGI para toda la economía?

Nicolás Gadano, economista jefe de Empiria, planteó una de las principales discusiones hacia adelante: el éxito del régimen no debería consistir en mantener indefinidamente una economía diferenciada entre empresas con beneficios especiales y compañías que operan bajo reglas generales.

La libre disponibilidad de divisas, la seguridad jurídica y las condiciones favorables para invertir deberían, según ese planteo, convertirse progresivamente en características normales de la economía argentina.

El riesgo es que el país termine con una economía a dos velocidades: grandes proyectos con condiciones excepcionales y un entramado productivo que continúa enfrentando restricciones para invertir, crecer y exportar.

Para Neuquén, esa discusión tiene una dimensión concreta. El crecimiento de Vaca Muerta necesita grandes capitales, pero también una red de empresas capaces de prestar servicios, fabricar bienes, transportar equipos, construir infraestructura y generar empleo.

El desafío después del RIGI

La experiencia de los primeros dos años muestra que el RIGI logró convertirse en una herramienta relevante para destrabar proyectos de gran escala. Pero el debate que comienza ahora es diferente.

Neuquén necesita que las inversiones se traduzcan en mayor capacidad productiva, infraestructura, empleo calificado, proveedores locales y mejores servicios.

En ese escenario, el planteo de Figueroa funciona como una señal sobre la etapa que viene: el crecimiento de Vaca Muerta ya está generando oportunidades, pero también obligaciones y demandas que la provincia deberá atender.

El desafío será conseguir que el flujo de inversiones no termine solamente en más producción de hidrocarburos, sino que ayude a construir una economía neuquina con mayor capacidad para sostener el crecimiento cuando cambien las condiciones del mercado energético.

El RIGI fue pensado para atraer grandes inversiones. Para Neuquén, la discusión que sigue es qué queda en el territorio después de que esas inversiones llegan.

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