Vaca Muerta se consolidó como el principal motor del nuevo ciclo exportador energético argentino y permitió que el país alcanzara durante 2025 un superávit comercial energético de US$ 5.670 millones, según un informe elaborado por el Instituto de Energía de la Universidad Austral.
El reporte sostiene que el crecimiento de los hidrocarburos no convencionales generó un cambio estructural en el sistema energético nacional, reduciendo la dependencia de importaciones y fortaleciendo la capacidad exportadora del país. La mejora del balance comercial estuvo impulsada por una caída sostenida de las compras externas de energía y por un incremento cercano al 20% interanual en las exportaciones de petróleo y gas.
“El principal mensaje del reporte es claro: la energía dejó de ser únicamente un sector productivo para convertirse en una de las principales herramientas de estabilidad macroeconómica y desarrollo de largo plazo”, señala el documento.
El informe identifica a Vaca Muerta como el “centro de gravedad energético” de la Argentina y destaca la aceleración de la actividad shale durante los últimos años. Durante 2025 se realizaron cerca de 23.900 etapas de fractura, mientras que para 2026 se proyectan aproximadamente 28.000, lo que representaría un crecimiento de entre 20% y 22%.
Para los especialistas del Instituto de Energía, el avance de la formación neuquina refleja la consolidación industrial del desarrollo no convencional, una mayor orientación hacia la producción petrolera y el fortalecimiento de infraestructura vinculada a exportaciones.
En petróleo, la producción nacional alcanzó los 906 mil barriles diarios, con una expansión interanual del 21%. El shale oil ya representa más del 66% de toda la producción argentina, consolidando a la Cuenca Neuquina como el principal polo hidrocarburífero del país.
En paralelo, la producción de gas natural llegó a 141,45 millones de metros cúbicos diarios, con un incremento del 11% frente al año anterior. El gas no convencional registró una suba del 20% y actualmente explica más de dos tercios de toda la oferta nacional.
Según el informe, este crecimiento permitió avanzar hacia un escenario de mayor autosuficiencia energética y reducir de manera significativa la necesidad de importar Gas Natural Licuado (GNL), especialmente desde 2024. La menor dependencia de compras externas alivió la presión sobre las reservas internacionales y contribuyó a fortalecer el frente cambiario y fiscal.
El reporte subraya además que el sistema energético argentino está dejando atrás un esquema basado en importaciones estructurales para evolucionar hacia un modelo con creciente perfil exportador, capacidad de generación de divisas y mayor impacto sobre el comercio exterior.
En ese contexto, el Instituto de Energía sostiene que el superávit energético podría incluso duplicarse en los próximos años si continúan las inversiones en producción e infraestructura. No obstante, el informe advierte que la consolidación del nuevo escenario energético requerirá ampliar la infraestructura de transporte, generación eléctrica y redes de distribución para acompañar el crecimiento de la producción y garantizar nuevos mercados de exportación.
También señala que la normalización tarifaria será un factor clave para sostener la competitividad del sector, atraer inversiones y reducir el peso de los subsidios fiscales sobre las cuentas públicas.
Finalmente, el reporte concluye que la estabilidad regulatoria y la previsibilidad de largo plazo serán determinantes para consolidar el cambio estructural que atraviesa la economía energética argentina.