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"El baile me pone el deseo por delante”: Mariana Sirote y su historia con la danza en Neuquén

Mariana Sirote dedicó su vida a la danza y fue protagonista del desarrollo de la disciplina contemporánea en Neuquén. En esta entrevista repasó su recorrido artístico, desde su formación y su paso por Francia hasta los proyectos que marcaron la escena regional, y reflexionó sobre el deseo, el arte y las ganas de seguir bailando a los 70 años.

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Mariana Sirote: “El baile es uno de los sentidos de mi vida”.

La trayectoria de Mariana Sirote, bailarina, coreógrafa y docente, está atravesada por la formación, la creación coreográfica y la construcción de espacios para la danza contemporánea en la región. En una entrevista con Entretiempo, por AM550, repasó sus comienzos, su paso por Francia, su llegada a la Patagonia y algunos de los proyectos que marcaron su recorrido artístico.

A los 70 años, Sirote convirtió una pregunta personal en un proyecto artístico colectivo: ¿hasta qué edad se puede bailar y qué lugar tiene el deseo después de los 60? Así nació El Baile Infinito, el espectáculo que estrenará este sábado 10 de octubre, a las 21, en el Cine Teatro Español de Neuquén. La propuesta reúne a 24 personas mayores de 60 años que, durante seis meses de trabajo, exploraron el movimiento, los recuerdos y las historias personales para construir una obra compartida.

Impulsada por la Fundación BPN, la experiencia busca poner en escena el deseo, la creatividad y las nuevas posibilidades que se abren en cada etapa de la vida. Sin exigir experiencia previa en danza ni imponer modelos corporales, Sirote propuso un espacio para que cada participante encontrara su propia forma de expresión. El resultado es una obra que invita a reflexionar sobre el paso del tiempo, la memoria y el derecho a seguir creando, disfrutando y descubriendo nuevos movimientos más allá de la edad.

En los años 90 fundó la compañía Locas Margaritas.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en la danza?

Empecé cuando nos mudamos con mi familia a La Plata. Allí estaba la escuela de danza del Teatro Argentino, una hermosa escuela en un hermoso teatro. Hice toda la carrera y me recibí de profesora de danza clásica. En esa época, la danza moderna y contemporánea todavía no estaban incorporadas a las formaciones terciarias docentes. Después seguí perfeccionándome en danza clásica con cursos en el Teatro Colón. Pero lo que yo quería era bailar.

¿Cuándo descubriste la danza contemporánea?

Gané una beca de la Embajada de Francia para estudiar un año en el Instituto Rosella Hightower, en Cannes. Fue un descubrimiento. Yo venía del mundo de la danza clásica y, aunque la contemporánea ya existía en Buenos Aires, los dos ámbitos estaban bastante fragmentados. Cuando regresé, ya sabía a qué quería dedicarme. Elegí maestros, seguí tomando clases y formé parte de distintos grupos de danza.

También estudiaste Economía y después hiciste el traductorado de francés. ¿Cómo convivieron esos caminos con tu vocación artística?

Estudié Economía porque pensaba que era la carrera que tenía que hacer para cambiar el mundo. Después me di cuenta de que también podía cambiarlo un poquito con el arte. Más adelante, tuve tres hijos y necesitaba una actividad que me permitiera vivir. Como tenía mucho francés, hice el traductorado público y trabajé un par de años como traductora. Pero lo mío era la danza, así que no la podía dejar.

¿Cómo llegaste a Neuquén y qué encontraste en la región para desarrollar tu trabajo?

Con mi marido buscábamos la posibilidad de salir de Buenos Aires para criar a nuestros hijos con más tranquilidad. Cuando surgió la oportunidad de venir, consulté con mis maestros, porque me costaba mucho dejar ese mundo. Ana Itelman, Renate Schottelius y Juan Carlos Bellini me alentaron. Me dijeron que en Buenos Aires había mucho movimiento y que en la región hacía falta gente que trabajara en danza contemporánea. En ese momento había mucho por hacer. En Roca estaba el INSA, hoy IUPA, pero en Neuquén la danza contemporánea necesitaba más desarrollo y continuidad. Conseguí una entrevista y se dio una coincidencia increíble: estaban buscando una profesora de danza contemporánea y composición coreográfica. Así comenzaron mis años de trabajo en el Valle.

Mariana Sirote, una vida dedicada a la danza: “Lo mío era bailar, no la podía dejar”.

En los años 90 fundaste la compañía Locas Margaritas. ¿Qué significó ese proyecto?

Sentía que hacía falta continuidad para la danza contemporánea en Neuquén. Había clases y talleres, pero un grupo podía darle otra dimensión al trabajo. Con mis compañeras Laura Pulosi y Patricia Alzuarena armamos Locas Margaritas para participar de una convocatoria de Cultura que pedía una temática neuquina. Como hacía poco habían dejado de circular los trenes, creamos una obra llamada La espera de un tren que nunca llegó, que presentamos en la estación de trenes de Neuquén. El nombre Locas Margaritas surgió de una película checa de los años 60. La idea quedó, el nombre pegó y hasta hoy se sigue hablando de aquel grupo.

"Sentía que hacía falta continuidad para la danza contemporánea en Neuquén. Había clases y talleres, pero un grupo podía darle otra dimensión al trabajo. Con mis compañeras Laura Pulosi y Patricia Alzuarena armamos Locas Margaritas para participar de una convocatoria de Cultura que pedía una temática neuquina. Como hacía poco habían dejado de circular los trenes, creamos una obra llamada La espera de un tren que nunca llegó, que presentamos en la estación de trenes de Neuquén", contó Sirote.

Otra de tus obras destacadas es La Furia del Silencio. ¿Qué pasó cuando volviste a montarla, 26 años después?

La estrenamos en el año 2000, en la Conrado Villegas. Tuvo mucha repercusión, ganó premios y nos permitió viajar a Perú para participar de un festival internacional. Veintiséis años después, un grupo de jóvenes bailarines del IUPA me pidió que la repusiera. Cuando estrenamos la nueva versión, vinieron personas que habían visto la obra original y otras que no la conocían. Se produjo un conjunto de sensaciones y emociones muy profundas, difíciles de describir, pero fue hermoso.

¿Qué lugar ocupa el baile en tu vida?

El baile es uno de los sentidos de mi vida. Es lo que me hace vibrar, además del amor de mi familia y de algunos amigos. Es lo que me pone el deseo por delante: yo voy detrás de ese deseo y me invento nuevos deseos para seguir caminando.

 

La entrevista a Mariana Sirote

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