El regreso de Andrea del Boca a Gran Hermano no fue uno más dentro de la noche de repechaje. La actriz volvió gracias al Golden Ticket y su entrada estuvo pensada para generar misterio, sorpresa y una reacción inmediata entre sus compañeros.
La última en cruzar la puerta fue justamente Andrea del Boca, que apareció con un gran abanico negro cubriéndole el rostro. La escena descolocó a los jugadores, que entre risas, dudas y murmullos intentaban descubrir quién era la persona que acababa de entrar a la casa: "¿Es Andrea?", se preguntaron algunos.
El momento rápidamente tomó fuerza porque su salida anterior había dejado una expectativa abierta dentro del reality. Su regreso no solo significaba la vuelta de una de las figuras más reconocidas del juego, sino también la confirmación de que la producción había decidido apostar fuerte por su presencia en esta nueva etapa.
Más tarde, Santiago del Moro apareció de manera virtual para saludar a los participantes y quiso saber cómo estaba la actriz después de la caída que la había obligado a abandonar la competencia. Ella respondió sin exagerar la situación, pero dejando claro que todavía atraviesa una recuperación: "Bien, no tengo el alta todavía definitiva, estoy con una placa toda entera".
Esa frase mostró que su regreso se dio en medio de ciertos cuidados médicos, aunque también dejó en evidencia las ganas que tenía de volver a la casa. De hecho, la propia actriz contó que en la clínica le habían marcado el ritmo de lo que venía: "tenemos que hacer todo rápido para que entres de nuevo".
La entrada combinó teatralidad, sorpresa y un condimento emocional que no pasó inadvertido para los demás jugadores. En una gala marcada por nuevos ingresos y regresos inesperados, el suyo tuvo un peso diferente por la expectativa que había generado desde su salida y por la forma en la que decidió presentarse.
Con el abanico, la duda colectiva y su primera charla con Santiago del Moro, Andrea del Boca volvió a instalarse en el centro del juego. Ahora, su desafío será sostener la convivencia mientras termina de recuperarse, en una casa que la recibió entre gritos, desconcierto y una atención imposible de disimular.