La participación de Ángela Torres en Nadie Dice Nada terminó convirtiéndose en uno de los episodios más comentados de la semana. Lo que comenzó como una consigna del ciclo derivó en una situación incómoda que rápidamente escaló fuera del aire.
Durante la emisión, el equipo liderado por Nicolás Occhiato propuso un desafío: la artista debía llamar a su peluquero y simular un despido. La idea, planteada como un juego, generó dudas desde el primer momento por el impacto que podía tener en el destinatario.
El encargado de sugerir la consigna fue Martín Carabajal, mientras que Momi Giardina y Santi Talledo incentivaron a profundizar la escena. “Tenés que llamarlo y decirle que no querés trabajar más con él”, insistieron al aire.
Aunque dudó, Ángela Torres accedió al reto y se comunicó con su estilista, Mauro. “Me salió un proyecto muy grande y me dijeron que no quieren que me sigas peinando vos”, expresó en tono serio, mientras el resto del equipo escuchaba en silencio.
La reacción del peluquero fue inmediata y cargada de emoción. “Bueno… no sé, amiga… yo te amo y siempre voy a estar para vos”, respondió, visiblemente afectado. El momento generó incomodidad incluso dentro del propio estudio.
Minutos después, la actriz reveló que se trataba de una broma. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: “Me puse a llorar”, confesó el estilista. Con culpa, Ángela Torres intentó justificarse: “Me obligaron acá en el programa, estoy temblando”.
El fragmento se viralizó en redes sociales y las críticas no tardaron en aparecer. Muchos usuarios cuestionaron la falta de empatía y consideraron que este tipo de humor “no es gracioso”, especialmente en un contexto laboral sensible.
A pesar de algunas voces que defendieron el formato, lo cierto es que el episodio reabrió el debate sobre los límites del entretenimiento en streaming. Lo ocurrido con Ángela Torres dejó en evidencia cómo una simple dinámica puede transformarse en un escándalo digital.