La posibilidad apareció de golpe y le desacomodó algo muy profundo. Carmen Barbieri, que durante años se definió como hija única, se encontró frente a una escena inesperada cuando una mujer aseguró ser hija de su padre y, por lo tanto, su hermana. Lejos de tomar distancia o de frenar la situación, decidió atravesarla de frente.
La reacción fue inmediata y estuvo guiada más por la empatía que por la desconfianza. "Lo primero que hice fue hacer el ADN. La gente necesita saber su identidad, ¿cómo voy a privarle yo la ilusión de esa mujer?", contó, al explicar por qué aceptó avanzar sin vueltas con un estudio que pudiera despejar la duda.
Pero antes de que llegara el resultado, hubo un encuentro que la movilizó por completo. Carmen Barbieri recordó ese primer cara a cara como un momento atravesado por la emoción y por una sensación difícil de manejar. "Cuando la vi la abracé y me puse a llorar... me vi hasta parecida", confesó, dejando ver hasta qué punto la idea de tener una hermana la había tocado.
En medio de esa intensidad, Federico Bal intentó poner una cuota de cautela. El hijo de la conductora percibió rápido el nivel de ilusión con el que su madre estaba viviendo esa instancia y trató de protegerla. "Mi hijo me decía: 'No te ilusiones mamá porque te veo tan ilusionada... no te entusiasmes porque después si llega a ser o no llega a ser, no quiero que sufras'", recordó.
La respuesta científica, finalmente, fue contundente y fue en el sentido opuesto al que ella había empezado a imaginar. "Dio negativo, totalmente negativo", resumió Carmen Barbieri, al confirmar que no existía un vínculo biológico entre ambas y que aquella expectativa inicial quedaba descartada.
Sin embargo, la historia no terminó ahí. Aun después del resultado, la conductora eligió no cortar el lazo que se había generado en ese proceso. Con el tiempo, siguieron en contacto y sostuvieron una relación que ya no pasa por la sangre, pero sí por la experiencia compartida de haber atravesado juntas esa búsqueda.
De hecho, Carmen Barbieri contó que volvió a comunicarse con ella hace poco, movida por la necesidad de saber cómo estaba. "La llamé el otro día porque digo: 'No sé nada de vos, no me llamás'. Estuvimos hablando de un montón", relató, al mostrar que entre ambas quedó un vínculo afectivo que sobrevivió al resultado del ADN.
En ese repaso íntimo, también hubo lugar para volver sobre su propia historia familiar. "Mi mamá era mamá de casa, no era artista... pero tenía un pico, mamita", soltó con humor, en una charla donde lo más fuerte no pasó por el dato del análisis, sino por todo lo que se puso en juego alrededor de una identidad posible, una ilusión compartida y un lazo que, aunque no fue de sangre, igual dejó marca.