Después del funeral, Benicio eligió hablar desde un lugar mínimo y profundamente personal. El hijo de Ernestina Pais compartió sus primeros posteos tras despedir a su madre en la Chacarita, y cada imagen dejó ver una forma íntima de atravesar un dolor todavía imposible de ordenar.
La primera señal apareció en sus historias de Instagram. Sin escribir una frase extensa ni intentar explicar lo inexplicable, Benicio subió una foto de Ernestina Pais sonriente, mirando directo a la cámara. Al lado de esa imagen, apenas sumó un corazón rojo, un gesto breve que alcanzó para transmitir cariño, presencia y despedida.
Esa publicación tuvo un peso especial porque llegó el mismo día en que la actriz y periodista fue despedida por su familia y sus personas más cercanas. La muerte de Ernestina Pais, a los 54 años, sacudió al ambiente artístico y televisivo, pero para su hijo el impacto tuvo una dimensión mucho más íntima y silenciosa.
Un rato después, el joven volvió a aparecer en sus redes con otra historia. Esta vez compartió una selfie tomada después del velorio y del entierro, en la que dejó una frase dirigida a quienes lo acompañaron durante esas horas de enorme tristeza: “Gracias a todos por los mensajes hermosos”.
El mensaje fue corto, pero reveló el valor que tuvieron las muestras de afecto en medio de la despedida. Más que un comunicado o una explicación, funcionó como una respuesta simple hacia todos los que se acercaron con palabras de cariño, recuerdos y apoyo tras la muerte de su madre en ese día tan doloroso.
El posteo también expuso la manera en que Benicio decidió recordar a la periodista: no desde la tragedia, sino desde una imagen luminosa de Ernestina. La foto elegida, el corazón rojo y el agradecimiento posterior armaron una secuencia cargada de emoción, sin necesidad de grandes declaraciones ni exposición pública.
La despedida de Benicio dejó una postal íntima en medio del impacto público por la muerte de Ernestina Pais. Sin grandes palabras ni explicaciones, eligió recordarla con una imagen feliz y agradecer el cariño recibido, como una forma de sostenerse en el afecto mientras atraviesa las primeras horas de una ausencia enorme.