Caminar durante un período prolongado sigue siendo una dificultad para Virginia Gallardo. La diputada habló del dolor de cadera que persiste después de la intervención que le realizó Aníbal Lotocki y contó cómo esa limitación volvió a interferir en un proyecto para el que llevaba tiempo preparándose, esta vez fuera de sus compromisos laborales.
El episodio más reciente ocurrió cuando salió a entrenarse para participar de la Peregrinación Juvenil del Nordeste Argentino. La intención era poner a prueba su resistencia durante una caminata por la costanera, pero el malestar apareció y la obligó a reconsiderar sus planes. Finalmente, tuvo que cancelar su participación en el encuentro religioso.
A través de Instagram, Virginia Gallardo explicó cuánto significaba para ella ese objetivo: “Estoy un poco triste porque desde el año pasado que me prometí hacer la peregrinación a la virgen y me preparé para que eso suceda. La semana pasada salí a caminar por nuestra costanera, que no es muy larga y sabemos que no es muy difícil de completar un ida y vuelta, pero me empezó a doler mucho la cadera”.
Su relato no se limitó a esa salida. La diputada vinculó lo ocurrido con las consecuencias que asegura padecer desde el procedimiento de Aníbal Lotocki: “Desde que pasé por mi intervención mi cuerpo, mi tiempo y mis condiciones cambiaron”. Según explicó, desde entonces debió ajustar actividades y reconocer hasta dónde puede exigirse en su vida cotidiana.
Al ver las imágenes de la peregrinación, expresó el pesar que le produjo quedarse afuera: “Siempre traté de estar bien, y lo estoy, pero sé mis limitaciones y caminar mucho es una de ellas. Veo las imágenes de todos que con fe, fuerza, esperanza y convicción y me hubiera encantado estar ahí acompañándolos”. La preparación previa no había alcanzado para evitar que reapareciera el dolor.
Aunque se mostró angustiada, Virginia Gallardo sostuvo que quiere volver a intentarlo: “Algún día podré, voy a seguir intentándolo y me voy a seguir preparando para que pronto pueda peregrinar con ustedes junto a la casa de nuestra virgencita”. Su mensaje mantuvo abierta esa posibilidad, sin fijar un plazo para concretar la caminata que esta vez tuvo que postergar.
La renuncia a participar expuso una consecuencia concreta de las limitaciones que describe: incluso una promesa personal debe adaptarse a lo que su cuerpo le permite. Por ahora, aquel deseo sigue pendiente. El dolor que apareció durante el entrenamiento fue el límite que la llevó a detenerse, aun cuando tenía la voluntad y la ilusión de acompañar a los peregrinos.