Una llamada nocturna quedó grabada para siempre en la memoria de Gastón Edul, aunque su significado excedía cualquier explicación. Al reconstruir la historia en PH, Podemos Hablar, el periodista terminó quebrándose por el recuerdo de Gaetano: “Mi abuelo era muy importante, era algo más que un abuelo para mí; de hecho, yo considero que es la persona que a mí me formó espiritual y mentalmente desde que yo era chico”.
La última despedida entre ambos pareció normal hasta que el tiempo le dio otro sentido. “Me abraza como siempre, pero fue un abrazo... él estaba grande, pero fue un abrazo largo, un poco más largo de lo normal. En ese momento yo no es que no lo entendía, sino que no lo había percibido. Me di cuenta después que había sido más largo el abrazo”. Conmovido, añadió: “Es la persona que no está que más presente siento en mis momentos más importantes”.
Mucho antes de aquella pérdida, Gastón Edul había vivido una situación difícil de olvidar. Con 11 o 12 años, estaba reunido con amigos en la casa de sus padres y decidió probar el “juego de la copa”. Nada extraño ocurrió en ese momento, pero cerca de la medianoche sonó el teléfono fijo.
Del otro lado estaba su abuelo, quien parecía conocer lo que sucedía sin haber estado allí: “Atiendo y era mi abuelo, que siempre habló en media lengua, un español muy torpe, muy tano. Me dice: 'Gastón, ¿cómo estás?'. 'Hola, ¿todo bien?'. 'Bien'. Y él, de una manera muy dulce y tierna porque yo era un chico, pero yo entendí lo que me dijo... me dice: 'Escúchame, ¿tus papás están despiertos?'. Digo: 'No, no, no, están arriba durmiendo'. 'Bueno, escúchame, eso que están jugando no es un juego'”.
Gaetano evitó asustarlo, pero insistió en que abandonara inmediatamente aquella práctica: “Mira, eso no es un juego. Jueguen a esa consola... ¿cómo se llama la consola que le gusta a ustedes, la PlayStation? Jueguen a PlayStation, que yo mañana te paso a ver o saludo a tu mamá y charlamos un rato”.
Con los años, el carpintero italiano le explicó a su nieto cómo convivía con esa sensibilidad: “Él me decía: 'Mira, yo soy carpintero, no trabajo de esto. Es algo que me pasa desde que soy muy chico, no le di importancia, me hice el distraído hasta los 50 o 60 años, y los últimos 20 o 30 años de mi vida me dediqué a abrirme, a estudiarlo, a entender qué era lo que sentía'”.
Su capacidad también habría aparecido frente a otros integrantes de la familia. Edul recordó: “Le dijo: 'Te felicito'. Y mi hermano le dice: 'Pero ¿por qué?'. 'No, no, no... ah, bueno, no, perdón...'. Y quedó ahí. Cuando subió al departamento, la esposa le contó que estaba embarazada”.
Las lágrimas de Gastón Edul no surgieron solamente por la ausencia, sino por la huella que Gaetano todavía conserva en su vida. Aquella advertencia, el último abrazo y las premoniciones familiares conforman un legado íntimo que el periodista sigue sintiendo en cada momento importante.