El cuerpo de Karina La Princesita terminó poniendo el freno que ella no podía poner. La cantante recordó sus años más exigentes en la música tropical y reveló que llegó a sufrir quistes en las cuerdas vocales y episodios en los que cantaba hasta escupir sangre.
La confesión apareció durante su visita a Mario Pergolini, donde repasó el ritmo laboral que sostuvo durante mucho tiempo. Aunque hoy su agenda sigue cargada, la artista dejó claro que nada se compara con lo que vivió en otras etapas de su carrera. “Y eso que bajamos el ritmo de trabajo”, aclaró. Luego explicó: “Ahora si te fijás, hay uno o dos por noche como mucho”.
La sorpresa llegó cuando Pergolini quiso saber cuál había sido su límite real. “¿Cuánto fue lo que más hiciste?”, le preguntó. La respuesta de Karina La Princesita descolocó a todos: “34 shows entre viernes, sábado y domingo”. Ante la incredulidad del estudio, Evelyn Botto reaccionó: “¿Cómo? Pero no dan las horas del día”.
La cantante entonces reconstruyó cómo eran esas giras interminables, marcadas por el calor, los viajes y la falta de descanso. “Empezábamos a las 3 de la tarde, con 50 grados de calor, y terminábamos a las 9 de la mañana, sin parar al otro día en Santiago del Estero. Era en época de carnaval“, contó, dejando en evidencia el nivel de exigencia física que soportaba.
El punto más duro apareció cuando le preguntaron si alguna vez había pedido parar. Karina La Princesita fue directa: “Antes yo no decidía”. En ese esquema, otros manejaban la agenda y ella cumplía con cada presentación, hasta que el desgaste empezó a transformarse en una señal imposible de ignorar. “Frené porque ya a lo último me salieron quistes en las cuerdas vocales, cantaba y escupía sangre”, reveló.
La artista explicó que, cuando no pudo marcar el límite con palabras, su salud lo hizo por ella. “Cuando a veces vos no tenés la valentía de decir ‘no, hasta acá’, el cuerpo habla”, reflexionó. Esa frase, “no, hasta acá”, resumió el momento en que entendió que el ritmo ya no era sostenible. Pergolini acompañó esa mirada con una observación sobre lo que muchas veces no se ve desde afuera: “Pero uno a veces no ve el sufrimiento del artista”.
La charla también derivó en el carácter que tuvo que construir para moverse en una industria dominada por hombres. El conductor la definió como “una mujer que pone los puntos” y ella respondió: “Tengo carácter, sí. Parece que ya lo tenía, pero como que lo desarrollé mucho más en este trabajo”. Después agregó: “Los jefes, los músicos, todos son hombres y es muy difícil que haya mujeres” y cerró con una síntesis de aquella etapa: “Costaba un poco que me escucharan, igual tengo mucho carácter”.