La escena que más la quebró no ocurrió frente a cámara. Fue en la cuenta regresiva hacia un momento decisivo, cuando Lizy Tagliani estaba a un paso de cerrar legalmente uno de los procesos más importantes de su vida y, en paralelo, quedó envuelta en acusaciones televisivas que podían hacerlo tambalear. Ahí, según contó, entendió de verdad lo que estaba en juego.
Al recordar ese tramo, la conductora no habló solo de angustia, sino de una amenaza concreta sobre el vínculo que estaba construyendo cuando fue señalada de la peor manera por Viviana Canosa. "Fue un golpe muy fuerte lo que recibí cuando dijeron lo que dijeron de mí en televisión a un día de tener la audiencia de tenencia definitiva. Estaba mucho más focalizada y más fuerte que nunca... por un nene que todavía no era nuestro hijo y que corría el riesgo por mentiras de volver a esa situación", expresó, al referirse al impacto que tuvieron esos dichos en medio del trámite.
En ese contexto, Lizy Tagliani dejó expuesto que la adopción no fue un recorrido lineal ni amable. En su paso por la mesa de Mirtha Legrand, incluso encontró una comparación inesperada para describir la lógica del sistema. "El personaje que hago en Annie (Miss Hannigan) representa la burocracia en la adopción", sostuvo, trazando un puente entre la ficción teatral y una experiencia personal marcada por tiempos largos, exigencias y una tensión que se sostuvo hasta el final.
Lo que aparece en su relato no es solo la crítica a una estructura pesada, sino la dimensión del daño que, según ella, provocaron las acusaciones lanzadas en televisión por Viviana Canosa. Fue así como Lizy Tagliani dio a entender que el problema no fue únicamente personal ni mediático. El punto más sensible era otro: que un niño que estaba a punto de quedar definitivamente bajo su cuidado pudiera verse arrastrado otra vez a una situación de incertidumbre por versiones que consideró falsas.
Esa experiencia, además, modificó su forma de pararse frente a todo lo demás. "Entendí lo que es 'lo hago por mis hijos'. No es ni la tanga ni el pelo ni el contexto, es una frase tremendamente poderosa", reflexionó, al explicar cómo cambió su manera de pensar desde que empezó a vivir la maternidad como una responsabilidad concreta y no como una idea abstracta.
Sin embargo, la fortaleza que mostró en público no anuló el desgaste íntimo. Hubo un costo emocional fuerte, de esos que no siempre se notan en el momento pero que terminan dejando marca. "Era como si me estuvieran matando todos los días un poquitito", confesó, en una frase que condensa mejor que cualquier explicación el nivel de sufrimiento que atravesó mientras intentaba sostenerse.
Aun así, Lizy Tagliani eligió no correrse. En lugar de retroceder, se afirmó en ese objetivo y sostuvo el proceso con más convicción, apoyada en su familia y en la necesidad de proteger a ese chico que todavía no tenía su apellido, pero que ya ocupaba un lugar central en su vida. Lo que estaba defendiendo, dejó en claro, no era solamente su nombre.
Por eso, cuando hoy pone en palabras lo que vivió, el eje no está en la pelea con Viviana Canosa como hecho aislado. Lo que Lizy Tagliani expone es algo más profundo: cómo una denuncia mediática llegó a rozar uno de los momentos más delicados de su historia personal y cómo, incluso en ese escenario, decidió resistir hasta el final para que ese vínculo no se rompiera.