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Lizy Tagliani habló del ataque a mujeres trans en Palermo: “Vivir es un derecho”

Lizy Tagliani compartió recuerdos de su adolescencia y un reclamo tras las agresiones que se difundieron en redes.

 

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Miércoles, 04 de noviembre de 2026 a las 15:39
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La violencia que Lizy Tagliani recordó en su mensaje tiene escenas concretas: piedras, insultos y lugares donde esconderse. Después del ataque a mujeres trans en los Bosques de Palermo, la conductora usó Instagram para contar lo que significó crecer con el temor de ser perseguida por su identidad.

Su publicación comenzó con una afirmación que atravesó todo el relato: “Vivir es un derecho, cada uno vive como puede, quiere o lo dejan”. Desde ese punto, reconstruyó los recursos que había aprendido para protegerse y las situaciones cotidianas en las que se había sentido señalada.

Para Lizy Tagliani, escapar de una agresión había sido parte de su adolescencia: “Allá por el 86 sabía escapar de las piedras y los golpes, aprendí a anular los gritos e insultos... Sabía en qué galería de Adrogué meterme para que no me encontraran las patotas”. Aquella necesidad de anticiparse al peligro quedó resumida en otra frase: “Supe cómo contestar y cómo escabullirme del peligro constante que generaba ser yo”.

El episodio de Palermo volvió a poner esas experiencias frente a una violencia actual. Según se informó, alrededor de 50 ciclistas participaron del ataque durante el fin de semana. Las agresiones fueron grabadas y difundidas en redes por los propios involucrados, y las imágenes provocaron repudio entre usuarios y figuras del espectáculo.

La culpa apareció como otra marca en la historia de Lizy Tagliani: “A los 12 ya me sentía culpable porque avergonzaba a algunos padres de amiguitos por ser muy maricón. A los 15 ya me sentía culpable por no haber nacido mujer y festejar mis 15... A los 18 me sentía culpable por no tener un novio que me lleve de la mano a tomar un helado”. Frente a esos recuerdos, preguntó: “¿Culpable? ¿Por qué? ¿Por vivir? ¿Por sobrevivir? ¿Por intentar ser feliz a mi manera?”.

Con los años también llegó la posibilidad de construir otro presente: “Poco a poco fui logrando encontrar mi lugar. Siempre tuve momentos de felicidad que anestesiaban y calmaban las heridas. Ahora soy plena”. Esa plenitud convive con las huellas de lo vivido, como advirtió a continuación: “Pero toda esa culpa se te hace callo”.

Al volver sobre las agresiones, expresó: “Me sorprende que aún hoy siga cargándose personas que tratan de respirar como pueden antes que alguien decida que tu vida no vale nada”. Su reclamo fue directo: “No puede ser un juego atrapar vidas y hacer con ellas lo que te dé la gana”. Los recuerdos que acompañaron su repudio mostraron cómo esa violencia había condicionado sus vínculos, sus celebraciones y hasta el deseo de caminar de la mano de alguien.

 

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