Luis Ventura quebró el clima habitual de A la tarde cuando se metió en un recuerdo que todavía lo descoloca. No habló de una pelea mediática ni de una interna del espectáculo, sino de una escena doméstica que lo dejó frente a algo que, según él mismo contó, nunca logró terminar de explicar con lógica.
Todo empezó con una tarea escolar de Antoñito, el hijo que tiene con Fabiana Liuzzi. Al aire, el periodista reconstruyó cómo llegó ese trabajo a sus manos y por qué ese dibujo dejó de ser una simple carpeta de clase para convertirse en una pieza cargada de sentido personal. “Él va a una escuelita, y hubo una semana donde le habían pedido que fuera con un camisolín porque iban a hacer un trabajo con témpera con las manos”, relató Luis Ventura en el programa de América.
A medida que avanzaba con el recuerdo, el panelista ya mostraba que no estaba contando una anécdota más. De hecho, antes de seguir, frenó en seco y avisó lo que le estaba pasando en ese mismo momento: “Ay, me voy a emocionar”.
Según explicó Luis Ventura en A la tarde, al revisar aquella producción hecha por su hijo encontró mucho más que manchas dispersas. “Eran manchas y en medio del dibujo salió un brazo con la seña que siempre hacía mi viejo… una mano con el pulgar para arriba”, dijo, al recordar el gesto que asociaba de inmediato con su padre fallecido.
El relato no se quedó solamente en esa figura. Ventura fue más allá y aseguró que, al detenerse en la imagen, empezó a reconocer rasgos que le resultaban familiares. “Cuando vos buscás en la mancha podés divisar la cara del viejo”, sostuvo al aire, convencido de que en ese trabajo escolar aparecía algo que lo conectaba directamente con su padre. Esa percepción fue la que terminó de quebrarlo, porque no la vivió como una casualidad sino como una señal.
Lejos de guardarlo en privado, el periodista contó que esa pintura quedó instalada en un lugar muy especial de su casa. No la archivó ni la dejó perdida entre papeles. Por el contrario, la convirtió en un objeto que sigue mostrando y revisitando cada vez que puede, como si allí hubiera una presencia detenida en el tiempo. “Cada vez que vienen, hay mucha gente que ha leído esas notas y quieren ver el cuadro”, reveló también, dando a entender que la historia trascendió el ámbito familiar y despertó curiosidad en quienes conocen el episodio.
La escena tuvo algo más fuerte que una simple confesión televisiva. Luis Ventura habló desde la conmoción, con la sensación de haber encontrado en un dibujo infantil una imagen que todavía le eriza el cuerpo. Y en ese cruce entre la inocencia de la mano de su hijo y el recuerdo de su padre muerto quedó suspendida una historia extraña, íntima y difícil de encasillar.