Marta Fort volvió a hablar de Virginia Gallardo y esta vez no dejó demasiado margen para la duda. Lejos de abrir una puerta a una reconciliación o a un acercamiento futuro, la hija de Ricardo Fort planteó que no siente ninguna necesidad de recomponer el vínculo y que, para ella, esa historia ya no tiene nada más para ofrecer.
La postura apareció desde el arranque, sin rodeos y con una idea que marcó el tono de todo lo que vino después. “Yo creo que es momento de soltar”, dijo, antes de profundizar en por qué no ve razón alguna para retomar el contacto.
En esa línea, fue todavía más precisa al definir qué lugar ocupa Virginia Gallardo en su vida. “Creo que ella no me debe nada a mí y yo no le debo nada a ella. Fue una de las ex de mi viejo y no tiene por qué tener relación conmigo y yo con ella. Creo que no tenemos nada que conversar”, sostuvo.
Más tarde, Marta Fort reforzó esa distancia con otra definición igual de tajante. “Virginia es una persona que no tiene por qué tener vínculo conmigo o mi familia”, expresó. Desde ahí, la cuestión dejó de pasar por una pelea puntual o por un enojo reciente y se volvió algo más estructural: la decisión de no incluirla dentro del círculo afectivo ni del universo íntimo que rodea a los Fort.
A la hora de explicar en qué momento todo se enfrió del todo, la joven recordó un episodio que, según ella, alteró para siempre el clima. “Todo se puso raro después de una confusión que se dio en un momento, no directamente para con nosotros, pero que sí fue incómoda”, señaló.
Lo más fuerte llegó cuando Marta Fort habló del vínculo de Virginia Gallardo con la figura de su padre. Ahí apareció el costado más punzante de su descargo. “Yo creo que Virginia sí usó la imagen de mi papá para salir favorecida. Es obvio. Aprovechó el momento. Sabía que picaba. Nosotros nos conocemos todos, dale”, lanzó. Y enseguida remató con otra frase igual de directa: “Sabemos lo que vende y cómo vender”.
Así, Marta Fort no solo ratificó que no quiere tender puentes con Virginia Gallardo, sino que además volvió a poner sobre la mesa el verdadero origen de su malestar. No habló de nostalgia ni de heridas familiares sin cerrar. Habló de conveniencia, de exposición y de una distancia que, por cómo la contó, ya parece definitiva.