La muerte del Indio Solari hizo que muchas de sus palabras volvieran a leerse con otro peso. Entre los recuerdos, las canciones y los homenajes, sus reflexiones sobre el final de la vida reaparecieron como una forma de entender al hombre detrás del mito. En ellas, el músico no hablaba desde el dramatismo, sino desde una lucidez austera y profundamente personal.
Una de las ideas más fuertes aparecía cuando Carlos Alberto Solari pensaba en el recuerdo y en la necesidad, o no, de quedar instalado para siempre en la memoria de los demás. “La vanidad dice que me gustaría ser recordado, pero hay una parte mía que cree que hay mucha más dignidad en el olvido”, había dicho, marcando una contradicción humana que hoy vuelve a resonar entre sus seguidores.
El Indio Solari también imaginaba la muerte como un gesto silencioso, casi sin escena. En sus conversaciones con Marcelo Figueras, recuperaba la imagen de alguien “levantándose en mitad de una partida de póker sin llamar la atención”, una forma de irse sin cortar el clima de quienes siguen alrededor. Para completar esa figura, hablaba de hacerlo “sin distraer al resto de los jugadores”.
Esa metáfora concentraba mucho de su manera de habitar la fama. Aunque podía convocar multitudes, siempre pareció desconfiar del exceso de exposición y del ruido innecesario alrededor de su figura. “Me gusta por lo austera, esa idea: irse callado, sabiendo que llegó tu momento de perder y sin distraer al resto de los jugadores”, sostuvo en una definición que, tras su partida, quedó cargada de sentido.
Sin embargo, su mirada no estaba atravesada solo por la despedida. Había también una defensa de la intensidad y de la presencia en el tiempo que a cada uno le toca vivir. “Hoy más que nunca suscribo eso que decía hace más de treinta años...: sólo aspiro a que la muerte me encuentre vivo”, expresó, dejando una frase que ahora muchos leen como una especie de síntesis íntima.
En sus memorias, esa conciencia del final aparecía de manera todavía más directa. “Entendí entonces que esta vida era la única que había”, escribió, antes de reconocer que comprendió “que en un momento Carlitos ya no iba a estar más”. Esa certeza no lo llevó a la quietud, sino a una ética propia frente a la vida, la creación y los afectos.
“La única manera de que la vida te dé ganas de vivirla es respetarte a vos mismo y a la gente que querés”, había planteado el Indio Solari. Por eso, en medio de la despedida, otra de sus frases quedó como una marca de coherencia: “Si tengo que vanagloriarme de algo es el simple hecho de estar a la altura de la vida que me toca vivir”.