Mucho antes de llenar escenarios, Palito Ortega ya cantaba para personas que no habían comprado una entrada. Su voz acompañaba trabajos completamente alejados del espectáculo y hasta llegó a generarle problemas en uno de ellos. La particular escena ocurrió en un cementerio, cuando todavía estaba lejos de convertirse en una figura popular.
Durante su visita a Otro día perdido (eltrece), Mario Pergolini quiso conocer de dónde provenía la seguridad que demostró durante su trayectoria. “¿Siempre fuiste tan seguro de vos mismo? Pregunto con todo respeto, porque sé que vos te hiciste muy de abajo”, le planteó al músico.
La pregunta abrió un recorrido por su infancia y los empleos con los que comenzó a ganarse la vida. “Yo desde muy chiquito que trabajé. Hice distintos trabajos, de todo tipo. El primero fue en la cosecha, de mandarinas y otras frutas cítricas. También lustraba zapatos. Me acuerdo que me buscaban a mí porque yo le cantaba a los clientes mientras lo hacía y eso les gustaba. Era divertido, aunque a veces les manchaba las medias por distraído”, recordó.
El relato dio un giro inesperado cuando Palito Ortega agregó: “También trabajé en un cementerio”. Pergolini no logró ocultar su sorpresa y preguntó: “¿En un cementerio? ¿En serio?”. El artista confirmó la historia y detalló sus tareas: “Sí, limpiaba la sepultura y las cruces. Sacaba la maleza, arreglaba la tierra… un poco de todo”.
Ni siquiera ese ambiente conseguía que permaneciera en silencio. Mientras quitaba plantas y acomodaba el terreno, seguía cantando como lo había hecho con los clientes a los que lustraba los zapatos. “De vez en cuando venía el encargado del cementerio a callarme porque yo cantaba. Lo hacía todo el tiempo”, confesó entre risas.
Aquellos retos no alcanzaron para modificar una conducta que ya anticipaba su futuro profesional. “Creo que cantar es una vocación que abracé desde muy chico. Siempre estuvo conmigo, fue siempre una parte de mí”, reflexionó al relacionar esa experiencia con el camino artístico que emprendió años después.
La anécdota mostró que Palito Ortega no comenzó a cantar cuando llegaron los discos, la televisión o el reconocimiento. Ya lo hacía durante las cosechas, mientras lustraba zapatos y hasta entre sepulturas, aun cuando el encargado le exigía silencio. Esa manía terminó siendo la primera señal de una vocación que definiría toda su vida.