La frase más dura apareció casi como una verdad aprendida antes que como una búsqueda de impacto. Al hablar de su infancia en el norte salteño, el Chaqueño Palavecino dejó expuesto un origen marcado por la necesidad, donde cantar no era un adorno sino una forma de atravesar lo que faltaba.
En Almorzando con Juana, el artista volvió sobre esos primeros años en Rancho El Ñato, cerca de la frontera con Bolivia y Paraguay. Allí convivían criollos y comunidades originarias, en un territorio atravesado por lenguas, costumbres y modos de vida distintos. “Había siete etnias con dialectos distintos y nosotros hablábamos castellano”, recordó.
Ese mundo, lejos de cualquier comodidad, fue también el que empezó a moldear su oído. El Chaqueño Palavecino explicó que la música aparecía en medio de una realidad áspera, casi como una necesidad colectiva. “En el campo cantás porque no tenés para comer. Es un lugar en el que cantás, tocás o bailás una música muy propia”, sostuvo.
La memoria sonora de aquellos años llegó desde lugares simples, sin escenarios ni grandes equipos. “Por las bocinas del barrio pasaban Los Manseros Santiagueños, Los Cantores del Alba, Los Chalchaleros... uno era como una esponja”, contó, al describir cómo absorbía cada canción que escuchaba alrededor suyo.
También hubo primeros pasos más formales, aunque igual de modestos. “La maestra de música nos hacía cantar en unísono”, recordó entre risas, al evocar una etapa en la que todavía no imaginaba hasta dónde podía llevarlo esa voz nacida entre caminos rurales, reuniones familiares y sonidos populares.
El camino después se volvió más difícil. Tras la muerte de su madre, se mudó adolescente a Salta capital para vivir con una tía y empezó a trabajar. Antes de grabar discos fue camionero, pasó por empresas de transporte y compartió guitarreadas bajo un tinglado. “Yo grabaría si tuviera plata… pero era todo difícil, había que pelearla mucho”, admitió.
Con el tiempo, esa marca de origen se convirtió en identidad artística. “Mi música era más campechana, sin escuela, pero con la esencia de los mayores”, definió el Chaqueño Palavecino, sin despegarse de sus raíces. Y, al mirar hacia atrás, resumió la certeza que lo sostuvo cuando todo parecía cuesta arriba: “Yo confiaba en mí, sabía que era algo nuevo”.