Mucho antes de volver a quedar en el centro de la escena por su paso por Gran Hermano, Yanina Zilli ya había tenido una vida atravesada por la exposición, los escenarios y varios capítulos inesperados. Nacida en Arequito, en Santa Fe, la actriz y vedette construyó en los años 90 una carrera fuerte en el mundo del espectáculo, con una imagen que no pasaba inadvertida y un recorrido que mezcló brillo, dificultades y decisiones muy drásticas.
Su historia no arrancó en Buenos Aires ni en la televisión. Yanina Zilli creció en una familia que durante un tiempo vivió con comodidad económica, ya que su padre era acopiador de cereales y también tenía una estación de servicio. Fue alumna pupila en un colegio de monjas en Santa Fe y, aunque en algún momento pensó en estudiar abogacía o profesorado de Educación Física, lo que realmente la atraía era la actuación. Ese deseo fue el que terminó empujándola a dejar su provincia para probar suerte en la Capital.
La llegada no fue sencilla. Ya instalada en Buenos Aires, pasó por pensiones y casas compartidas en distintos barrios, mientras intentaba abrirse camino en un ambiente que la leía primero desde el cuerpo y recién después desde sus ganas de actuar. Ella misma recordó aquellos años con crudeza: “Tuve unas depresiones terribles, de las que pude salir con mucha voluntad. Sucedió que, de vivir bien económicamente, pasé a experimentar una situación compleja”. Esa etapa la obligó a endurecerse y a aceptar trabajos muy distintos entre sí.
Con el tiempo empezaron a aparecer oportunidades pequeñas y después otras mucho más visibles. Hizo participaciones en programas de Mario Sapag y Julián Weich, hasta que su nombre empezó a sonar con más fuerza. El salto llegó con el teatro de revistas y con ciclos populares como Brigada Cola, Los Benvenutto y Rompeportones. En paralelo también trabajó haciendo striptease en boliches, una experiencia que años después reconoció sin vueltas y con gratitud por lo que le aportó en escena.
En el plano sentimental, Yanina Zilli también quedó ligada a historias que dieron que hablar. Tiempo después contó que había tenido una noche con Luis Miguel, aunque aclaró que no era alguien con quien se imaginara una relación más profunda. Mucho más ruido generó su romance con Martín Palermo, una historia que durante años quedó envuelta en rumores hasta que ella misma terminó admitiendo que existió. Según relató, el vínculo duró un verano y prefirió callarlo durante bastante tiempo para no lastimar a nadie.
La maternidad cambió por completo su eje. Primero nació Ornella, fruto de su relación con Javier del Valle, una historia que atravesó crisis y distancias incluso antes del embarazo. Más adelante llegó Santino, y ese segundo parto marcó uno de los momentos más duros de su vida, porque sufrió un desgarro de útero que la dejó varios días en coma farmacológico. Después de esa experiencia, y ya con una relación distinta con la exposición, decidió alejarse de las tablas y empezar otra vida.
Ese corrimiento la llevó a instalarse en Mar del Plata, abrir un negocio de cosméticos y concentrarse mucho más en su familia que en la fama. Durante años, Yanina Zilli quedó lejos del ruido mediático que había marcado su etapa más fuerte como vedette. Por eso su regreso en Gran Hermano no solo sorprendió a quienes no conocían su pasado, sino que volvió a poner delante de una nueva generación una vida cargada de caídas, reinvenciones, romances y un largo camino antes de volver a mostrarse.