LA OTRA PANDEMIA

"No vuelvas a casa, te van a matar por ser gay"

La traumática historia de un joven que tuvo que huir de su país porque la homosexualidad es ilegal.
lunes, 3 de agosto de 2020 · 18:30

Hargeisa es una ciudad en el noroeste de Somalia, capital de la declarada República de Somalilandia, formada en 1991. En aquel territorio, como en muchos otros del planeta, la homosexualidad es ilegal: podés ser castigado con ir a la cárcel y hasta acusado con pena de muerte.  Asad (nombre cambiado para proteger la identidad de las fuentes) es un joven de 21 años que lo sufrió en carne propia desde muy chico, que sintió constantemente el hostigamiento del entorno. Y su familia, el lugar donde más necesitaba refugiarse, era su enemigo más cruel y oscuro. 

Según se dio a conocer la historia en la BBC, durante años, la familia de Asad trató de hacer que el joven se pareciera más a los otros niños, que fuera más duro y más "masculino". Incluso, lo enviaron a un centro de rehabilitación para que le sacaran un supuesto espíritu femenino, allí lo violaron y le suministraron drogas alucinógenas. 

"La primera vez que me di cuenta de que había algo confuso sobre mi sexualidad, sobre mi deseo, sobre los géneros que me gustan y los que no me gustan fue cuando tenía 4 o 5 años"

Desde pequeño, Asad se volcó en el maquillaje y la belleza, prefiriendo pasar tiempo con sus hermanas en lugar de con sus hermanos. A menudo se probaba sus vestidos y, después de ser sorprendido por tercera vez, su madre sintió que tenía que actuar. Le ordenó a su hermano mayor que le enseñara ciertos pasajes del Corán y de su escritura complmentaria, compuesta de dichos del profeta Mahoma.  "Dios castiga a los hombres que se hacen parecer mujeres. Y también a las mujeres que se hacen parecer hombres", frases que era obligado a repetir con tan solo 10 años. 

Por un tiempo, Asad trató de satisfacer a su familia y comportarse como los otros niños. Cuando tenía 12 años, su mamá lo envió a un "centro de rehabilitación". Estos centros son instituciones diseñadas para reformar a los niños, adolescentes y adultos jóvenes considerados "extraviados" de los valores somalíes.

Allí, todos los días le enseñaban cómo comportarse como un hombre tradicional del lugar. Le enseñaban a caminar y a hablar, y lo obligaban a jugar al fútbol con otros pacientes, algo que siempre evitaba si podía. Pero a la noche, absolutamente todo se volvía oscuro. Asad dormía en un mismo salón con hombres de todas las edades, y muchas veces era violado tanto por los pacientes como por el personal. 

"Solían violarme a medianoche, a veces en grupo"

Después de ser dado de alta en el centro, Asad aprendió a ocultar su orientación sexual durante la mayor parte de su adolescencia. Pero todo cambió cuando conoció a Dalmar gracias a un grupo secreto de chat en línea para somalíes gay. Ambos encontraron alivio y amor, a escondidas. 

Pero un día, no pudieron ocultarlo más y estalló la homofobia en su propio hogar. La hermana de Asad entró al dormitorio y los encontró en un momento íntimo. La joven comenzó a gritar inmediatamente, despertando a toda la casa. Asad salió desesperadamente por la puerta y se escondió en la casa de un amigo, donde recibió una llamada telefónica escalofriante de alguien que buscaba ayudarlo: "No vuelvas a casa, se están preparando para matarte".

A partir de ahí, Asad comenzó a planear su huida. La mayoría de los países no otorgan visas a somalíes a menos que estos cumplan un conjunto de estándares casi imposibles de alcanzar para la mayoría, como contar con decenas de miles de dólares en una cuenta bancaria.

Las opciones son limitadas y una de las pocas salidas es gastar miles de dólares en el mercado clandestino comprando pasaportes falsificados, certificados falsos de vacunación contra la fiebre amarilla y, a menudo, también visas. Así fue cómo escapó Asad. Un ayudante obtuvo los documentos necesarios en un par de días, dándole instrucciones para encontrarse con una persona en el aeropuerto de Hargeisa, y escapar, literalmente, de la pesadilla que vivió durante tantos años. 

"Hasta entonces, trato de mantener un perfil bajo y rezo para que mi familia no me encuentre".

Asad todavía sueña con encontrar algún día a Dalmar, aquel amor que le significó tanto refugio, tanto sentimiento verdadero. Por lo pronto, hoy disfruta de la libertad, de no ser señalado como criminal, de sentirse una persona normal. 

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