El papa León XIV presidió el Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico ante una multitud de fieles y centró su mensaje en el dolor de los conflictos bélicos que sacuden al mundo, en una alocución que combinó la reflexión evangélica con una referencia directa a las guerras y opresiones del tiempo presente. "Bajo el azote de la guerra, Cristo es esperanza. En la esclavitud, Cristo es liberación. En la hora del pecado, Cristo es perdón. Esta es la verdadera sabiduría, es decir, el camino que queremos recorrer juntos, unidos en su nombre como discípulos", afirmó el pontífice con tono solemne, en una de las frases más contundentes de su pontificado sobre la violencia armada. León XIV pidió además "la intercesión de María, Reina de la paz, por el bien de la Iglesia y del mundo entero", en un llamado que resuena con particular fuerza en un momento en que Rusia bombardeó Kiev con 74 misiles apenas días atrás, Venezuela aún rescata sobrevivientes entre los escombros y el Medio Oriente navega un frágil proceso de paz.
Comentando el Evangelio de San Mateo, el Papa desarrolló una reflexión sobre la verdadera sabiduría en contraposición con las estructuras de poder que derivan en conflictos: "La sabiduría humana se convierte entonces en arrogancia y la doctrina degenera en soberbia. La verdadera sabiduría de Dios se revela, en cambio, en la humildad de la carne y su enseñanza se dirige a quienes pasan más dificultad". El pontífice rechazó además una lectura del camino cristiano como ascetismo o mortificación, definiéndolo en cambio como "una escuela de libertad, que se toma en serio el drama de la historia y siempre ilumina su sentido, sobre todo en los momentos más oscuros". La formulación tiene una dimensión política implícita: un papa que durante la guerra entre EE.UU., Israel e Irán enfrentó directamente a Trump y Vance por el uso de lenguaje religioso para justificar los bombardeos, vuelve a colocar la fe del lado de los que sufren la guerra, no del lado de quienes la conducen.
El mensaje dominical de León XIV llega en una semana cargada de actividad para el Vaticano: el pontífice envió 100.000 euros de ayuda de emergencia para Venezuela, respondió al cisma lefebvriano con la excomunión de cuatro obispos ordenados sin su permiso, y el Colegio Cardenalicio convocó una jornada de oración global por los damnificados del doble terremoto, que ya suma 2.954 muertos y más de 16.500 heridos según el último balance oficial. En ese contexto de catástrofes simultáneas —Venezuela, Ucrania, el frágil proceso de paz en Medio Oriente— la voz de León XIV desde la ventana del Palacio Apostólico se consolida como una de las pocas referencias morales globales capaz de hablarle al mismo tiempo a creyentes y no creyentes sobre el costo humano de la violencia.