En el estrado de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York, Javier Milei volvió a escenificar su profunda ruptura con los consensos diplomáticos tradicionales al tiempo que situó el reclamo por las Islas Malvinas en el centro de su intervención. El mandatario calificó la cuestión del archipiélago como una "causa nacional", acusó a la ONU de haber "mirado para otro lado" frente a la ocupación británica y arremetió contra la organización por haber mutado en un organismo que pretende dictar cómo deben vivir los ciudadanos del mundo. Agencias de noticias internacionales como Reuters y Associated Press (AP) destacaron su rechazo tajante a la Agenda 2030 por considerarla de corte colectivista y subrayaron su alineación directa con las democracias liberales de Occidente.
Las repercusiones en Gran Bretaña no se hicieron esperar y repercutieron rápidamente en la prensa de las islas. Diarios británicos como The Mirror e Independent destacaron la firmeza del planteo argentino al cuestionar la doctrina de autodeterminación de los isleños por considerarlos una población asentada por una potencia colonial. La respuesta institucional del Reino Unido fue inmediata: desde el Ministerio de Defensa e instancias parlamentarias británicas se ratificó ante los medios que la postura respecto a la soberanía británica sobre las Malvinas es "inquebrantable", defendiendo además los proyectos de prospección hidrocarburífera que la diplomacia argentina denunció en el foro.
Por su parte, la cobertura de la cadena británica BBC y otros medios globales se centraron en la visión del Presidente sobre la innovación tecnológica y la desregulación económica. Milei se opuso de forma categórica a la regulación internacional de la Inteligencia Artificial, comparando el florecimiento técnico con los principios clásicos del libre mercado, e hizo un llamado directo al capital privado para que invierta en la explotación de los recursos energéticos del país.