Con 80 años recién cumplidos y cerca de medio siglo de trayectoria en la vida pública, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva encara este domingo una de las batallas más decisivas de su carrera política. El fundador del Partido de los Trabajadores (PT) persigue un inédito cuarto mandato presidencial en un contexto de marcada polarización social, luego de un ajustado resultado en primera vuelta que dejó la definición abierta y con encuestas que muestran un escenario de empate técnico frente al candidato derechista Flávio Bolsonaro.
La historia del mandatario brasileño está signada por sus orígenes populares. De cuna humilde, en su juventud se desempeñó como tornero mecánico, actividad en la que sufrió la amputación parcial de un dedo en un accidente fabril. Durante los años de la dictadura militar, se consolidó como un referente sindical decisivo al encabezar las huelgas obreras que desafiaron al régimen y aceleraron la transición democrática. Tras intentos fallidos en los comicios de 1989, 1994 y 1998, llegó al Palacio del Planalto en 2002, convirtiéndose en el primer presidente de extracción obrera en la historia de Brasil.
Sus dos primeros periodos de gobierno (2003-2010) estuvieron caracterizados por indicadores de alto crecimiento, control de la inflación y una drástica reducción de la pobreza y la desigualdad. Asimismo, su política macroeconómica destacó por el incentivo al consumo interno y la cancelación anticipada de las deudas financieras con organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, de cara a este balotaje, el veterano dirigente enfrenta un escenario global adverso, con un avance de los movimientos conservadores en Sudamérica y el respaldo explícito de figuras internacionales como Donald Trump hacia su oponente.