La búsqueda desesperada de sobrevivientes entre los escombros del doble terremoto que devastó Venezuela se extendió con la llegada de los primeros equipos internacionales de rescate. Rescatistas de El Salvador y México ya aterrizaron en Caracas, y medios venezolanos reportaron la llegada de equipos e insumos desde Chile y Suiza, en el inicio de una operación internacional que en las próximas horas recibirá refuerzos adicionales de España, Alemania, Italia, China, India y la mayoría de los países de América Latina. Estados Unidos escaló además su compromiso: además de los 150 millones de dólares ya anunciados, Trump prometió el envío de dos buques de guerra, aviones de transporte y helicópteros, refiriéndose a Venezuela como sus "nuevos y grandes amigos" en una declaración que marca un giro histórico en el tono de Washington hacia Caracas.
El dato más significativo de la jornada fue la llegada a Venezuela del mayor general de los Marines Kevin J. Jarrard, máximo representante del Comando Sur estadounidense sobre el terreno, para "supervisar" las operaciones de apoyo. Según un comunicado del Comando Sur, Jarrard "está trabajando estrechamente con sus socios para planificar, coordinar y dirigir" las operaciones del ejército estadounidense destinadas a salvar vidas y prestar asistencia humanitaria, y precisó que opera en el país después de que el gobierno interino de Delcy Rodríguez "pidiera formalmente ayuda a Estados Unidos tras los terremotos". La presencia de un general estadounidense coordinando operaciones en suelo venezolano —impensable hace apenas semanas, cuando Trump amenazaba con convertir al país en el "estado 51"— ilustra hasta qué punto la catástrofe natural reconfiguró en horas la relación entre Washington y Caracas.
El balance oficial al cierre del jueves es de al menos 589 muertos, 4.300 heridos, 200 personas atrapadas bajo los escombros y más de 44.000 desaparecidos según plataformas civiles, en lo que el Servicio Geológico de Estados Unidos calificó como el terremoto más potente en Venezuela desde 1900. La Guaira, declarada zona de desastre natural, concentra la mayor parte de la devastación con más de 100 edificios colapsados, saqueos en curso y 138 réplicas registradas desde el sismo original. Con equipos llegando de todos los rincones del mundo, un general estadounidense coordinando en Caracas y el Departamento del Tesoro flexibilizando temporalmente las sanciones para facilitar la ayuda humanitaria, Venezuela vive en simultáneo su peor catástrofe natural en más de un siglo y una inédita apertura diplomática forzada por la magnitud del desastre.