Estados Unidos admitió públicamente y por primera vez que dispone de "armas de control espacial" emplazadas en órbita con el propósito de proteger a sus tropas ante eventuales acciones hostiles. La confirmación fue realizada por el secretario de la Fuerza Aérea estadounidense, Troy Meink, durante su disertación en la conferencia anual Air, Space and Cyber celebrada en National Harbor, Maryland. Aunque el funcionario remarcó que las capacidades operativas están destinadas a asegurar la superioridad defensiva de la fuerza conjunta tanto en la atmósfera como fuera de ella, evitó precisar las características técnicas del armamento, la cantidad de unidades puestas en servicio o la fecha desde la cual operan.
La decisión de Washington responde a las advertencias de sus mandos militares sobre el desarrollo de capacidades de ofensiva espacial por parte de China y Rusia, potencias que han integrado sistemas contraespaciales y de operaciones bélicas en sus planes de modernización estratégica. Frente a este escenario, el Gobierno estadounidense proyecta el lanzamiento de una constelación de satélites para el seguimiento de objetivos móviles —previsto para iniciar durante septiembre— y el desarrollo de programas de interceptores con base en el espacio. Las acciones se apoyan en la estructura de la Fuerza Espacial, creada en 2019 bajo la administración de Donald Trump dentro del Departamento de la Fuerza Aérea.
El despliegue militar se encuadra en los vacíos legales del derecho internacional vigente. Si bien el Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967 prohíbe de manera expresa la colocación de armas nucleares o de destrucción masiva en órbita, el marco normativo no establece una restricción general sobre la instalación de armamento de tipo convencional en el espacio exterior. De este modo, la confirmación formal del Pentágono blanquea la presencia de su equipamiento de defensa orbital sin incurrir en una violación de los acuerdos internacionales vigentes sobre el uso del cosmos.