La escalada en Medio Oriente alcanzó su punto más peligroso desde el inicio del conflicto en febrero, en una espiral de ataques y represalias que ya no reconoce ninguno de los límites del alto el fuego. Irán confirmó haber derribado el helicóptero Apache estadounidense que patrullaba el estrecho de Ormuz el lunes por la noche —episodio que Washington había atribuido inicialmente a causas inciertas— y lanzó ataques con misiles y drones contra bases estadounidenses en Baréin, Kuwait y Jordania, según confirmó el propio Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Estados Unidos respondió con bombardeos "brutales" contra zonas del sur de Irán en las primeras horas del miércoles, en lo que el Comando Central describió como una operación de "legítima defensa" y "respuesta proporcional a los recientes ataques contra tropas estadounidenses y buques mercantes internacionales".
El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní condenó los ataques estadounidenses como una "violación flagrante" de la Carta de las Naciones Unidas y advirtió que las Fuerzas Armadas iraníes asestaron "duros golpes" a bases e instalaciones estadounidenses en Asia Occidental en respuesta. Teherán también exigió a los países de la región que impidan que sus territorios e infraestructuras sean utilizados para "planificar, organizar, ejecutar y apoyar actos de agresión" contra Irán, una advertencia directa a Baréin, Kuwait y Jordania —tres países que albergan bases militares estadounidenses y que ya sufrieron ataques iraníes en días anteriores. El canciller Araghchi mantuvo llamadas de urgencia con sus pares turco, Hakan Fidan, y saudí, Faisal bin Farhan, para abordar los últimos acontecimientos, en una señal de que Teherán busca contener el aislamiento diplomático mientras escala militarmente.
La secuencia de los últimos cuatro días dibuja un colapso en cámara rápida de todo el edificio diplomático construido por Trump en las últimas semanas: el domingo Irán e Israel intercambiaron ataques directos rompiendo el alto el fuego de abril; el lunes cayó el Apache en Ormuz; el martes Washington bombardeó el sur de Irán; y el miércoles la Guardia Revolucionaria atacó tres países aliados de EE.UU. simultáneamente. Con el alto el fuego en ruinas, las negociaciones de paz interrumpidas, el estrecho de Ormuz como campo de batalla diario y Trump advirtiendo que Estados Unidos responderá al derribo del helicóptero, el conflicto entra en una fase en la que ninguna de las partes parece dispuesta —o capaz— de detener la escalada.