Irán rechazó la última propuesta estadounidense para poner fin al conflicto y mantiene sus propias condiciones, que incluyen el reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz, el pago de reparaciones de guerra, la liberación de activos bloqueados, el levantamiento de sanciones y el fin del conflicto en el Líbano. Teherán insiste además en un acuerdo por fases que deje el programa nuclear para una etapa posterior, precisamente el punto que Washington considera innegociable.
La postura iraní fue calificada por fuentes estadounidenses como "unilateral e irracional", y profundiza el estancamiento de unas negociaciones que parecían estar más cerca que nunca de un acuerdo apenas días atrás, cuando los mercados globales festejaron la perspectiva de paz con una caída del petróleo de casi el 12%.
El movimiento diplomático llegó acompañado de una declaración de tono firme del presidente Masoud Pezeshkian, quien marcó los límites desde sus redes sociales: "Nunca inclinaremos la cabeza ante el enemigo y, si surge la posibilidad de negociación, eso no significa rendición ni retroceso", escribió en X, subrayando que el único objetivo de cualquier acercamiento es proteger los intereses nacionales iraníes.
El clima en Teherán, pese al gesto diplomático, sigue siendo de confrontación. Ebrahim Rezaie, integrante de la comisión de seguridad del Parlamento, aseguró que "el tiempo juega en contra de los estadounidenses" y que les conviene no hundirse más en el "pantano" en el que han caído. El vicepresidente del Parlamento, Ali Niksad, fue en la misma dirección al advertir que Washington debe aceptar las consecuencias de haber puesto a prueba la fuerza de "un Irán grande y poderoso". Las declaraciones reflejan la lectura que hace el liderazgo iraní del conflicto: la de un país que resistió y que negocia desde una posición de fortaleza, no de derrota.
La respuesta enviada vía Pakistán parece ser apenas el inicio de un proceso largo y complejo. Teherán exige que cualquier acuerdo incluya el reconocimiento de su rol en el nuevo orden regional, condiciones que chocan frontalmente con las exigencias nucleares de Washington y con la postura de una administración Trump que no está dispuesta a levantar el bloqueo sin garantías concretas sobre el enriquecimiento de uranio. Con ambas partes convencidas de negociar desde posiciones ventajosas, el memorando de entendimiento de 14 puntos que parecía inminente hace apenas días enfrenta ahora un horizonte mucho más incierto.