El presidente Donald Trump lanzó una dura advertencia contra Irán a través de un extenso mensaje en Truth Social, en el que acusó al régimen de Teherán de haber estado "jugando con Estados Unidos y con el resto del mundo durante 47 años" y aseguró que "ya no se reirán más" de su país. El mandatario dirigió buena parte de su furia contra el expresidente Barack Obama, a quien responsabilizó por el acuerdo nuclear alcanzado con Irán durante su administración y por haber enviado fondos a Teherán que, según Trump, ascendieron a "cientos de miles de millones de dólares" más "1.700 millones en efectivo". Con su estilo habitual, el republicano afirmó que el dinero fue trasladado "en aviones, valijas y bolsos" y que las autoridades iraníes "no podían creer su suerte" al recibirlos.
Trump acumuló en el mensaje una serie de acusaciones graves contra el régimen iraní: lo responsabilizó de haber financiado ataques contra ciudadanos estadounidenses durante años y de haber reprimido con violencia extrema las protestas internas. En uno de los tramos más duros del texto, afirmó que el gobierno de Teherán "mató a 42.000 manifestantes inocentes y desarmados", en una cifra que no precisó con fuentes. El mandatario también volvió a arremeter contra Joe Biden por su manejo de la relación con Irán y sostuvo que Obama encontró en Teherán "al presidente más débil e ingenuo posible", calificando su gestión de "un fracaso" para el liderazgo estadounidense.
El mensaje fue publicado en un momento de máxima tensión en la región: las negociaciones entre Washington y Teherán sobre un memorando de paz de 14 puntos atraviesan una fase crítica, el alto el fuego sigue siendo violado en el estrecho de Ormuz y los enfrentamientos directos entre fuerzas estadounidenses e iraníes del jueves pasado pusieron en duda la viabilidad del proceso diplomático. La dureza retórica de Trump contrasta con la proximidad de un posible acuerdo que, según fuentes de ambas partes, podría incluir una moratoria nuclear de entre 12 y 15 años y el levantamiento gradual de las sanciones, dejando en claro que el presidente estadounidense no renuncia a la presión máxima ni siquiera en los momentos más delicados de la negociación.