Al menos 21 personas perdieron la vida tras el naufragio de una embarcación que transportaba migrantes frente a las costas del departamento de Kébémer, en el noroeste de Senegal. Según precisó el Ministerio del Interior del país africano, alrededor de una veintena de cuerpos fueron arrastrados por las olas e identificados en la playa de Lompoul, activando un amplio despliegue de emergencia.
Hasta el momento, las fuerzas de seguridad han confirmado la localización de un solo sobreviviente, mientras que bomberos y efectivos de la Gendarmería continúan rastreando la franja costera para precisar la cantidad total de ocupantes y determinar si existen más víctimas.
El siniestro refleja la peligrosidad de la ruta migratoria del Atlántico hacia las Islas Canarias, una de las vías marítimas más mortíferas utilizadas por miles de personas procedentes de África Occidental. Ante este trágico acontecimiento, el Gobierno senegalés reafirmó su compromiso de destinar recursos estatales para asistir a los familiares de los fallecidos, al tiempo que ratificó su decisión de intensificar las medidas operativas de seguridad contra las organizaciones dedicadas al tráfico de personas y reforzar los mecanismos de cooperación internacional con los estados de la región.
El trágico suceso coincidió con una serie de operativos preventivos desplegados en el litoral atlántico para frenar las salidas clandestinas de precarias barcazas. En una intervención paralela ejecutada durante la jornada del sábado, las patrullas marítimas de la Gendarmería senegalesa lograron interceptar una piragua sobrecargada a la altura de Dakar, en la que viajaban 142 migrantes —entre los cuales se encontraban mujeres y niños pequeños— que pretendían iniciar el travesía marítima con rumbo al archipiélago español.