El papa León XIV recibió con alivio cauteloso el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán y expresó su esperanza de que el memorando de entendimiento represente el fin real del conflicto y no una pausa en las hostilidades. "Negociaciones… Gracias a Dios, al menos existe este memorándum que, según dicen, firmarán oficialmente el viernes", dijo el pontífice al hablar con periodistas en el retiro papal de Castel Gandolfo, a las afueras de Roma. "Aún quedan varios puntos por resolver, pero siempre es mejor hacerlo mediante el diálogo, mediante negociaciones, y sin volver a la guerra", agregó León XIV, cuyo deseo central fue claro: "Que verdaderamente sea una solución para la guerra, que la guerra realmente haya terminado y que podamos seguir adelante".
Las palabras del Papa cobran un peso particular dado el rol que León XIV jugó durante el conflicto. Fue uno de los críticos más destacados de la guerra desde sus primeras semanas, enfrentándose directamente con la administración Trump: reprendió a los líderes mundiales por usar lenguaje religioso para justificar el conflicto y afirmó que Cristo "no escucha las oraciones de quienes hacen la guerra, sino que las rechaza", declaraciones que motivaron que Trump lo calificara de "terrible" en redes sociales y que el vicepresidente JD Vance le aconsejara "tener cuidado cuando habla de cuestiones de teología". La encíclica "Magnifica Humanitas", publicada el mes pasado, también declaró que la teoría de la "guerra justa" está "ahora desfasada" y que la fuerza militar solo puede usarse para "la autodefensa en el sentido más estricto".
Su mención de que "aún quedan varios puntos por resolver" refleja la complejidad de lo que viene: 60 días de negociaciones técnicas sobre el programa nuclear iraní, el futuro del bloqueo, el papel de Israel en el Líbano y el levantamiento gradual de sanciones, en un proceso que ya colapsó varias veces antes de llegar al memorando del viernes. Para León XIV, que durante su visita a España habló ante millones de fieles sobre la paz como vocación central de la Iglesia, el deseo de que "podamos seguir adelante" resume tanto el anhelo religioso como el político de un conflicto que dejó miles de muertos, sacudió la economía global y puso a prueba como pocas veces la arquitectura diplomática internacional.