El presidente Vladimir Putin justificó los ataques rusos contra infraestructura civil ucraniana como una "respuesta simétrica" a la estrategia de Kiev, en declaraciones al margen del Foro Económico Oriental en Vladivostok. "La infraestructura civil no puede ser objetivo de ataques, ni siquiera durante un conflicto armado, pero el régimen de Kiev piensa de otra manera y comenzó a asestar golpes contra blancos exclusivamente civiles", afirmó, antes de añadir: "Nos vimos obligados a responder de forma simétrica, y, por lo visto, nuestra respuesta resultó bastante significativa para quienes abrieron esta caja de Pandora".
La declaración de Putin llega en un momento de escalada sin precedentes en los ataques de largo alcance de ambas partes: en las últimas 24 horas, las defensas antiaéreas rusas derribaron 548 drones dirigidos contra la región de Moscú, según informó el alcalde Sergey Sobyanin, y la región de Bélgorod sufrió 178 ataques —incluyendo artillería y drones— que dejaron un civil muerto. Un dron ucraniano provocó además un incendio en una planta industrial en el distrito de Bogorodsky de la región de Moscú.
La justificación de Putin por la violación de los principios del derecho internacional humanitario es tan llamativa como previsible en su lógica: al atribuir el inicio de los ataques civiles a Ucrania, el Kremlin busca construir una narrativa de equivalencia moral que difumine la responsabilidad rusa ante la opinión pública internacional. Los datos de la ONU, sin embargo, cuentan una historia diferente: 437 civiles ucranianos muertos en julio —un 70% más que en el mismo mes de 2025— y un total de casi 17.000 civiles muertos desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022. La referencia de Putin a "la caja de Pandora" sugiere que Moscú percibe la escalada de los ataques ucranianos sobre territorio ruso no como una respuesta legítima sino como una escalada que justifica represalias de mayor alcance.
El intercambio de ataques masivos de esta semana —más de 800 drones ucranianos sobre Rusia el domingo y ahora 548 sobre Moscú en 24 horas— revela que ambas partes apostaron por la guerra aérea de largo alcance como mecanismo de presión ante un frente terrestre prácticamente estancado. Ucrania golpea refinerías, almacenes de Wildberries y plantas industriales para degradar la economía de guerra rusa; Rusia bombardea la red eléctrica, hospitales y bloques de viviendas para quebrar la voluntad de resistencia ucraniana. Putin llama a eso "simetría"; Zelenski lo llama "terrorismo". Con el invierno acercándose y las negociaciones de paz congeladas, la guerra de los civiles —que es como ambas partes la libran en la práctica— muestra pocas señales de moderarse.