La cifra de víctimas fatales por el doble terremoto que sacudió el centro de Venezuela el pasado 24 de junio volvió a aumentar. El balance oficial difundido este jueves confirmó 3.899 muertos y 16.740 heridos, mientras cientos de familias continúan buscando a sus seres queridos entre los edificios derrumbados, incluso por sus propios medios.
A una semana del desastre, las autoridades también informaron que 17.907 personas quedaron sin vivienda, 86.794 familias recibieron asistencia, se habilitaron 89 campamentos transitorios y 16.891 personas permanecen alojadas en esos refugios temporales. La emergencia continúa abierta y las tareas de recuperación avanzan en paralelo con la asistencia a los damnificados.
El operativo moviliza a 30.076 efectivos, 29.344 voluntarios y 3.931 rescatistas internacionales. Además, el reporte oficial indicó que 856 edificios sufrieron daños, de los cuales 190 colapsaron por completo. Desde el terremoto se registraron 1.142 réplicas, una situación que mantiene el riesgo en las zonas más afectadas y dificulta las tareas de remoción de escombros.
Aunque el Gobierno comenzó una nueva etapa enfocada en la evaluación de estructuras y la reconstrucción, en distintos puntos del país las familias se resisten a abandonar la búsqueda de quienes permanecen desaparecidos. Uno de esos casos ocurre en Playa Grande, en el estado La Guaira, donde decenas de personas siguen excavando entre los restos de edificios derrumbados.
Entre ellas se encuentra Ciro Ocando, quien desde hace dos semanas trabaja junto a sus hermanos para intentar encontrar a sus dos hijos adolescentes y a una tía, que quedaron atrapados bajo los escombros. Durante una de las jornadas de búsqueda, uno de los voluntarios que ingresó a un túnel improvisado le entregó un álbum con fotografías de sus hijos. "Estoy en el lugar correcto, pero hay muchos obstáculos", expresó antes de volver a remover los restos del edificio.
La familia instaló un campamento improvisado frente al inmueble y permanece allí día y noche. Con el paso de los días, la esperanza de encontrar sobrevivientes dio lugar al deseo de recuperar los cuerpos para poder despedirse de ellos. Escenas similares se repiten en distintos sectores afectados, donde numerosos familiares continúan excavando pese a que las principales tareas oficiales de rescate ya concluyeron, convencidos de que sus seres queridos aún permanecen bajo toneladas de concreto.