El presidente Donald Trump convirtió la ceremonia por el 25° aniversario de los atentados del 11 de septiembre en el Pentágono en un acto de legitimación de la guerra con Irán, al vincular explícitamente la memoria de las víctimas de 2001 con el conflicto que EE.UU. libra desde hace siete meses.
"Hoy rendimos homenaje a los miembros de las Fuerzas Armadas que trabajan en este preciso momento para garantizar que el principal patrocinador del terrorismo en el mundo, la República Islámica de Irán, jamás posea un arma nuclear", afirmó Trump ante los presentes en el Pentágono. El mandatario renovó "el sagrado juramento" del 11-S —"jamás lo olvidaremos"— y lo proyectó hacia el presente: "Por eso luchamos hoy. No tenemos otra opción. Solo puede haber victoria. Luchamos con todas nuestras fuerzas, luchamos para ganar". Frente a las críticas internas por el costo humano y económico de la guerra, Trump respondió con la retórica más poderosa de que dispone: "Hoy nuestro país es más fuerte que nunca. Nunca ha sido tan fuerte como ahora".
El secretario de Defensa Pete Hegseth fue aún más directo en el vínculo entre el 11-S y la guerra actual. "En los últimos seis meses, hemos aniquilado al principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo", declaró, describiendo a Irán como "una teocracia islámica que nos ha deseado la muerte durante casi medio siglo y que aplaudió el 11-S". Hegseth cerró con una frase que resume la doctrina bélica de la administración: "Seguimos enviando a los terroristas a donde pertenecen, al infierno, y a los petroleros al fondo del océano, donde pertenecen". La referencia a los petroleros iraníes hundidos esta semana —cinco cargueros destruidos por el Centcom en el Golfo Pérsico y el golfo de Omán— cierra el círculo entre la memoria del 11-S y las operaciones militares en curso, en un discurso que construye una narrativa de continuidad entre la guerra contra el terrorismo iniciada hace 25 años y el conflicto con Irán de 2026.
La elección del 11-S para enmarcar la guerra con Irán no es casual: es la fecha de mayor consenso patriótico en la historia reciente de Estados Unidos, y utilizarla para legitimar un conflicto que enfrenta creciente resistencia interna —con el Senado aprobando resoluciones que limitan los poderes de guerra del presidente y los propios jefes militares advirtiendo a Hegseth que la guerra es "insostenible"— es un movimiento político de alta eficacia simbólica. Al mismo tiempo, la ceremonia del 11-S de 2026 se produce en el día en que los hutíes completaron la toma del estrecho de Bab el-Mandeb, cerrando la última ruta alternativa al petróleo saudita, el Brent rozando los 100 dólares y Trump rechazando la petición de MBS de atacar a los rebeldes yemeníes. La distancia entre el "somos más fuertes que nunca" del Pentágono y la realidad geopolítica del Golfo Pérsico es el espacio donde se define si la retórica del 11-S alcanza para sostener una guerra que ya dura siete meses sin resolución a la vista.