Un buque con bandera de Islas Marshall y tripulación china a bordo fue atacado cerca del estrecho de Ormuz, confirmó el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Lin Jian. Por el momento no hay informes de víctimas, aunque el incidente suma una nueva dimensión al conflicto al involucrar a ciudadanos de una potencia que hasta ahora había mantenido un perfil relativamente discreto frente a la crisis en el estrecho. El ataque se produce en medio de una escalada generalizada en la zona, donde el jueves fuerzas estadounidenses e iraníes intercambiaron fuego en uno de los enfrentamientos más graves desde el inicio del conflicto.
La preocupación por la situación humanitaria de los trabajadores del mar fue el eje central de las declaraciones del secretario general de la Organización Marítima Internacional (OMI), Arsenio Domínguez, durante la Convención Marítima de las Américas celebrada en Ciudad de Panamá. "Tenemos aproximadamente 20.000 marinos oficiales atrapados, unos 1.500 buques que no pueden navegar de forma segura mientras el conflicto continúe", señaló Domínguez, quien llamó a utilizar "el multilateralismo y el diálogo para que las tensiones puedan disminuir y se pueda regresar a transportar y operar las cargas de buques de forma cotidiana". El funcionario indicó además que mantiene conversaciones con todos los países involucrados en el conflicto, incluidos los del Golfo y el gobierno de Estados Unidos.
Las cifras que maneja la OMI dimensionan el drama humano detrás de la crisis energética global: miles de marinos de distintas nacionalidades llevan semanas varados en el Golfo Pérsico, en embarcaciones que en muchos casos ya enfrentan escasez de agua potable y alimentos. El ataque al buque de tripulación china añade tensión a un escenario en el que Washington y Teherán negocian un memorando de paz mientras se siguen disparando en el estrecho, y en el que la comunidad internacional observa con creciente alarma cómo el conflicto arrastra a actores cada vez más diversos. La Convención Marítima de las Américas, que reunió a representantes de unos 40 países, se convirtió así en un escenario imprevisto para debatir una crisis que ya no reconoce fronteras regionales.