El presidente Donald Trump escaló su retórica contra Irán al anunciar que a partir de ahora, cada ataque iraní contra un barco en el estrecho de Ormuz tendrá una respuesta directa sobre infraestructura civil: "EE.UU. bombardeará y destruirá un puente o una central eléctrica, incluidas aquellas instalaciones situadas junto a la capital, Teherán, o dentro de ella", escribió en Truth Social. La amenaza llegó mientras Trump se dirigía a la base aérea de Dover, Delaware, para recibir con honores militares los restos de los primeros soldados estadounidenses muertos desde la ruptura del alto el fuego. El Pentágono confirmó en esa jornada la muerte de la sargento Angel S. Rampersad, de 28 años, previamente reportada como desaparecida en Jordania tras un ataque iraní con misiles balísticos, completando el doloroso recuento de las primeras bajas de la reanudación del conflicto.
Por undécima noche consecutiva, el Comando Central lanzó ataques contra centros de operaciones militares, instalaciones de drones, capacidades marítimas y logística militar iraní, con el objetivo declarado de "seguir debilitando" la capacidad de Teherán para amenazar el tráfico comercial en Ormuz.
La ceremonia en Dover agregó una dimensión política y emocional a una guerra que hasta ahora había sido librada a distancia, sin el peso visual de féretros cubiertos con la bandera. Los críticos en el Congreso señalaron el alto costo del conflicto: el secretario de Defensa Pete Hegseth confirmó ante los legisladores que la guerra ya le costó a Estados Unidos 37.500 millones de dólares, mientras solicitaba otros 67.000 millones adicionales. Trump, sin embargo, resistió la presión y fue explícito el martes: el conflicto "no ha terminado en absoluto" e Irán pagará un "alto precio" por la muerte de sus soldados. La amenaza de atacar infraestructura eléctrica y puentes en Teherán representa el paso más audaz anunciado hasta ahora, con consecuencias humanitarias potencialmente devastadoras para la población civil iraní si se materializa.
La paradoja del conflicto se mantiene intacta: mientras Trump amenaza con bombardear la capital iraní, el secretario de Estado Marco Rubio aseguró desde Manila, donde participaba de una reunión de ministros del sudeste asiático, que Washington "sigue abierto a resolverlo de manera negociada". "Pero, por ahora, no parecen estar interesados en eso", añadió Rubio, en una declaración que resume el estado real de las conversaciones: once días consecutivos de bombardeos, un memorando de paz declarado muerto por ambas partes, el estrecho de Ormuz en disputa y dos soldados estadounidenses enterrados con honores militares. Con el costo de la guerra superando los 37.000 millones de dólares, las elecciones de medio término en noviembre acercándose y la inflación en el 4,2%, Trump negocia y combate en simultáneo en un conflicto que prometió resolver y que en cambio se profundiza cada semana.