El presidente Donald Trump puso fin a su visita de Estado a China tras una reunión en formato reducido con Xi Jinping en Zhongnanhai, la residencia de la cúpula dirigente del Partido Comunista Chino, y calificó el viaje de "muy exitoso" e "inolvidable". Trump afirmó que ambas partes alcanzaron "una serie de consensos importantes", lograron "múltiples acuerdos" y resolvieron "no pocos problemas", aunque sin precisar detalles sobre el contenido de los pactos. Entre los resultados mencionados figuran acuerdos comerciales que el propio Trump describió como "fantásticos" y un ofrecimiento de China para ayudar a desbloquear el estrecho de Ormuz, un punto de coincidencia que podría tener implicaciones directas sobre las negociaciones de paz en Medio Oriente. El mandatario definió a Xi como un "viejo amigo" y reiteró su deseo de recibirlo en Washington el 24 de septiembre.
Xi, por su parte, calificó la visita de "histórica" y "emblemática" y señaló que ambos líderes fijaron una nueva orientación para los lazos bilaterales basada en una "relación constructiva de estabilidad estratégica entre China y EE.UU.". El líder chino indicó que los dos mandatarios alcanzaron "importantes consensos" sobre el mantenimiento de la estabilidad económica y comercial y la gestión "adecuada" de sus respectivas preocupaciones, y destacó que acordaron reforzar la comunicación y coordinación sobre asuntos internacionales, incluyendo Irán, Ucrania, Oriente Medio y la península coreana. El viaje, de menos de 48 horas, estuvo marcado también por la presencia de grandes empresarios estadounidenses como Elon Musk, Jensen Huang y Tim Cook en el entorno de la cumbre, en una señal del peso que tienen los intereses corporativos en la relación bilateral.
El único punto de fricción que quedó sin resolver fue Taiwán. Xi había advertido el jueves que un mal manejo de esa cuestión podría empujar a ambos países a un "conflicto", una declaración que los medios estatales chinos difundieron con amplitud pero que Trump no abordó en su entrevista con Fox News realizada durante la visita. La omisión es significativa: Washington está obligado por ley a proveer a Taipéi los medios para defenderse, y un paquete de armamento de 14.000 millones de dólares aguarda aún la aprobación presidencial. La cumbre dejó así un balance ambivalente: avances concretos en comercio y en la gestión del conflicto con Irán, pero una tensión estructural sobre Taiwán que ninguno de los dos líderes logró —ni intentó— resolver en menos de 48 horas en Pekín.