Erin Piacenti, de 32 años, vicepresidenta del área de Selección de Negocios y Conflictos en Banca Corporativa y de Inversión Global del Bank of America, fue apuñalada y asesinada en pleno Times Square, en Nueva York, cuando Pamela Cisneros, una mujer de 49 años con un historial documentado de problemas de salud mental, comenzó a atacar transeúntes de manera "aleatoria y sin provocación" en la zona turística cercana a la calle 41 y la Séptima Avenida. Piacenti, oriunda de Chester, Nueva Jersey, recibió una puñalada en el abdomen y fue declarada muerta poco después en un hospital.
Cisneros había herido, segundos antes con un cuchillo, a un hombre de 68 años que acababa de salir del metro con su esposa; ese hombre fue trasladado al hospital con heridas que ponían su vida en riesgo y se encuentra en condición estable. Los dos ataques ocurrieron con apenas 20 segundos de diferencia. Cisneros fue abatida a tiros por la policía de Nueva York tras los apuñalamientos. Según testigos, la mujer sacó los cuchillos de una bolsa roja antes de acercarse a sus víctimas.
El comunicado de Bank of America tras el asesinato de Piacenti
Bank of America emitió un comunicado de condolencias: "Estamos consternados y profundamente entristecidos por la trágica pérdida de nuestra compañera. Era una valiosa integrante del equipo a quien echaremos mucho de menos. Nuestras más sinceras condolencias a su familia y a todos sus seres queridos". Piacenti tenía 32 años y trabajaba en el área de banca corporativa e inversión global de uno de los mayores bancos del mundo.
El asesinato de Piacenti en Times Square —uno de los espacios públicos más concurridos y vigilados del mundo— reaviva el debate sobre la gestión de la salud mental y la seguridad en las calles de Nueva York, un tema que domina la política municipal desde que los ataques aleatorios en el sistema de metro y en espacios públicos se multiplicaron en los últimos años. El hecho de que una mujer con un historial documentado de problemas de salud mental pudiera portar cuchillos y atacar a dos personas en plena zona turística de Manhattan antes de ser detenida plantea, una vez más, preguntas sobre los límites de los sistemas de atención psiquiátrica y de prevención de la violencia en una ciudad que sigue sin resolver la tensión entre la seguridad pública y los derechos de las personas con trastornos mentales.