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Cuando el que sufre violencia en la pareja es un varón: el caso que reabrió el debate

El crimen de Julián Álvarez Guardia en Chaco puso el foco sobre una realidad de la que se habla poco: hombres que sufren golpes, control, celos y maltrato dentro de sus relaciones. Su pareja está detenida y acusada de homicidio agravado por el vínculo. 

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Domingo, 23 de agosto de 2026 a las 18:25
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La violencia dentro de una pareja también puede tener a un hombre como víctima. El miedo, la vergüenza y el silencio muchas veces dificultan que estas situaciones salgan a la luz. (Foto ilustrativa)

¿Qué ocurre cuando el que asegura sufrir violencia dentro de una pareja es un hombre? La pregunta volvió a instalarse en los últimos días a partir del crimen de Matías Julián Álvarez Guardia, el joven de 29 años que murió luego de ser apuñalado en Resistencia, Chaco.

Por su muerte permanece detenida su pareja, Victoria Luz Cantero, de 25 años. La joven está imputada por homicidio agravado por el vínculo y la Justicia dispuso que continúe detenida con prisión preventiva mientras avanza el expediente.

El caso conmocionó inicialmente por las características del crimen, pero con el correr de los días comenzaron a aparecer testimonios, fotografías, chats y audios que describían cómo habría sido la relación antes del desenlace fatal.Familiares de Julián aseguraron que el joven sufría agresiones de su pareja. Una de sus hermanas contó que en distintas oportunidades lo había visto con lesiones y arañazos y afirmó que el propio joven le había reconocido, llorando, que Cantero lo golpeaba.

“No estábamos de acuerdo con muchas cosas y hablábamos con él”, explicó su hermana al reconstruir la relación. También amigos del joven difundieron conversaciones privadas en las que le preguntaban por marcas que presentaba en el rostro.Con el avance del expediente aparecieron además audios que Julián había enviado a personas de su entorno. En uno de ellos relataba una fuerte discusión por el control de su teléfono y decía que su celular había terminado destrozado contra el piso.

Otros mensajes difundidos posteriormente mostraron que el joven había hablado con amigos acerca de diferentes episodios de maltrato. Incluso mencionaba el consejo de un profesional para abandonar la relación.

 

Una presentación anterior y señales que quedaron en el camino

Uno de los datos que ahora adquiere especial relevancia ocurrió varios meses antes del crimen. En noviembre de 2025, Julián había realizado una presentación a raíz de un episodio ocurrido durante una discusión con su pareja en el que terminó rota una ventanilla de su vehículo. Según publicó Infobae, aquella actuación finalmente fue archivada porque el joven no impulsó la acción.

Después de su muerte, ese antecedente abrió un interrogante que excede el caso particular: ¿qué sucede cuando un hombre se presenta ante el sistema para contar que está atravesando una situación de violencia dentro de su relación?

El hombre tapándose la cara mientras la pareja está de espaldas o discutiendo detrás. (Foto ilustrativa)

El problema tiene además un fuerte componente cultural. Para muchos hombres, reconocer que reciben golpes, amenazas, humillaciones o que son controlados por sus parejas continúa asociado a la vergüenza o al temor de no ser tomados en serio.La idea de que un hombre debería ser capaz de defenderse solo o que no puede mostrarse vulnerable puede provocar que determinados episodios sean minimizados incluso por la propia víctima.

La violencia, además, no necesariamente empieza con un golpe. El control constante del teléfono, los celos extremos, la destrucción de objetos, las amenazas, las humillaciones y el aislamiento pueden ser señales de una relación atravesada por situaciones de maltrato.Esto no supone desconocer una realidad ampliamente comprobada: las mujeres constituyen la enorme mayoría de las víctimas de las formas más graves de violencia de género y existe un sistema legal específico construido para intentar prevenirlas y protegerlas.

Reconocer que también existen hombres que pueden ser víctimas dentro de una pareja no implica enfrentar una problemática con la otra ni establecer una competencia entre víctimas. El interrogante pasa por saber si existen herramientas adecuadas para detectar y atender esos casos cuando aparecen.

 

Una causa abierta y una acusada que sostiene su versión

La investigación del crimen de Julián Álvarez Guardia todavía debe transitar el proceso judicial. La Fiscalía reconstruyó que la mañana del 2 de agosto la pareja se encontraba en la vivienda del joven cuando se produjo una discusión. Según la acusación, Cantero atacó a Julián con un arma blanca y las heridas terminaron provocándole la muerte. La joven quedó imputada por homicidio agravado por el vínculo.

Sin embargo, Cantero no está condenada y su defensa sostiene una versión diferente de los hechos vinculada a una situación de defensa propia.

También se incorporó al expediente un examen médico realizado a la acusada después del episodio que registró distintas lesiones en su cuerpo. Ese elemento deberá ser evaluado junto con el resto de las pruebas, testimonios y pericias para determinar qué sucedió dentro de la vivienda.La prisión preventiva no implica una condena. Será la Justicia la que deberá establecer las responsabilidades y definir si la acusación puede ser sostenida durante el juicio.

Más allá de cuál sea el resultado final del expediente, la historia de Julián puso nuevamente sobre la mesa una problemática mucho menos visible.

¿Qué hace un hombre cuando su pareja lo golpea? ¿A quién recurre? ¿Se anima a denunciar? ¿Lo cuenta en su entorno? ¿Cuántos terminan naturalizando situaciones que, si los protagonistas fueran otros, serían identificadas inmediatamente como señales de alarma?

El caso de Chaco no permite responder todas esas preguntas. Pero sí dejó una que resulta difícil ignorar: cuando el que sufre violencia dentro de una pareja es un varón, ¿estamos preparados para reconocerlo como víctima antes de que sea demasiado tarde?

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