Lácteos Verónica, una de las empresas históricas de la industria láctea argentina, atraviesa una crisis financiera y operativa que mantiene a unos 700 empleados sin cobrar la totalidad de sus salarios desde hace seis meses. Mientras la producción permanece prácticamente paralizada, los trabajadores realizaron una movilización frente a los Tribunales de Rafaela para reclamar el pago de los haberes y exigir avances en las investigaciones judiciales sobre la conducción de la firma.
El conflicto se desarrolla en Santa Fe, donde funcionan las principales plantas de la empresa y donde la paralización también afecta a productores lecheros, proveedores y comercios locales. Según denuncian los empleados, además de la deuda salarial, la compañía dejó de realizar aportes patronales y jubilatorios, situación que derivó en la pérdida de cobertura de obra social para numerosos trabajadores.
El escenario se agrava por la situación financiera de la firma. Registros del Banco Central indican que Lácteos Verónica acumula 3.863 cheques rechazados por falta de fondos, mientras las deudas con entidades financieras y productores continúan creciendo. La incertidumbre sobre el futuro de la empresa mantiene en alerta tanto a los trabajadores como al sector lácteo nacional.
Una crisis que golpea a trabajadores, productores y pueblos enteros
La falta de actividad de Lácteos Verónica ya supera el ámbito empresarial. En localidades como Suardi, Lehmann y Clason, donde la compañía representa una importante fuente de empleo, la ausencia de salarios redujo el consumo y afectó a comercios, servicios y pequeños emprendimientos.
Delegados sindicales aseguran que la economía local comenzó a resentirse porque cientos de familias dejaron de percibir ingresos, disminuyendo la circulación de dinero en pueblos donde las oportunidades laborales son limitadas.
"Queremos seguir trabajando. No pedimos otra cosa que la continuidad laboral y cobrar lo que nos corresponde", expresaron representantes de los trabajadores durante la movilización realizada en Rafaela.
Empleados que pasaron de la industria láctea a las changas
La prolongada falta de pago obligó a muchos trabajadores a buscar ingresos alternativos.
Algunos comenzaron a desempeñarse como remiseros, otros realizan trabajos de albañilería y varios optaron por fabricar y vender pan para sostener a sus familias.
Uno de los testimonios que más repercusión generó fue el de una empleada con más de 35 años de antigüedad, quien relató que actualmente vende pan casero para poder afrontar los gastos cotidianos.
Los trabajadores sostienen que viven una situación de incertidumbre total, sin certezas sobre la continuidad laboral ni sobre la recuperación de los salarios adeudados.
La deuda de Lácteos Verónica continúa creciendo
Además de la deuda salarial, la empresa enfrenta un complejo escenario financiero.
Entre los principales pasivos aparecen:
- 3.863 cheques rechazados por falta de fondos.
- Más de 13.900 millones de pesos comprometidos por esos instrumentos financieros.
- Una deuda estimada en 60 millones de dólares con unos 150 productores lecheros santafesinos.
- Obligaciones pendientes con entidades financieras como Banco Nación, BBVA, Santander, Galicia, Macro, Catalinas, Credibel y Trend Capital.
La combinación de estas obligaciones convierte a la empresa en uno de los casos más delicados del sector alimenticio argentino.
La Justicia quedó en el centro del conflicto
Durante la manifestación en Rafaela, los trabajadores entregaron un petitorio solicitando que la Justicia acelere las investigaciones sobre la situación patrimonial de la empresa.
Entre los pedidos figuran:
- Embargos preventivos.
- Inhibición de bienes.
- Investigación sobre el presunto vaciamiento de la compañía.
- Coordinación entre distintos organismos judiciales.
Los empleados sostienen que la demora judicial profundiza la incertidumbre y dificulta cualquier salida para la empresa.
El conflicto también alcanza a ATILRA
La crisis mantiene en tensión al sindicato ATILRA, que denuncia el incumplimiento de aportes patronales y previsionales.
El gremio también acompaña los reclamos de los trabajadores y advirtió que la situación podría agravarse si la empresa continúa sin regularizar salarios y obligaciones laborales.
Amenazan con bloquear tambos
Los representantes de los trabajadores advirtieron que, si no aparecen respuestas concretas, podrían avanzar con medidas de fuerza más severas.
Entre ellas mencionaron el bloqueo de los tambos vinculados a la familia propietaria de la empresa en cercanías de Totoras, donde existiría una producción cercana a 30.000 litros diarios que actualmente sería comercializada con otras industrias lácteas.
De concretarse esa medida, el conflicto podría extenderse a toda la cadena de producción lechera.
La crisis de Lácteos Verónica refleja el difícil momento del sector
El caso no aparece aislado.
Durante los últimos años, la industria láctea argentina enfrentó un fuerte deterioro producto de la caída del consumo interno, el aumento de costos, problemas financieros y dificultades para sostener inversiones.
El escenario también alcanza a otras compañías históricas como SanCor, que atraviesa un proceso judicial tras solicitar su quiebra, mientras empresas como La Serenísima y Saputo modificaron su estrategia de negocios frente al nuevo contexto económico.
Para especialistas del sector, la situación de Lácteos Verónica representa uno de los ejemplos más profundos de la crisis que atraviesa la actividad.
Una empresa histórica en una industria en transformación
Fundada hace décadas en Santa Fe, Lácteos Verónica llegó a consolidarse como una de las principales procesadoras de leche del país, abasteciendo supermercados y comercios de distintas provincias.
Sin embargo, el deterioro financiero se profundizó durante los últimos años, coincidiendo con una reconfiguración del mercado lácteo argentino marcada por cierres de plantas, reducción de producción y cambios en la estructura empresarial.
Especialistas advierten que la desaparición o el achicamiento de empresas de este tamaño tiene un efecto multiplicador sobre toda la economía regional, ya que impacta sobre transportistas, productores, comercios y servicios vinculados.