Cindy Mora, una mujer de Costa Rica, logró tener su casa propia después de ahorrar durante nueve años para comprar un terreno en Alajuelita, cerca de San José. Una vez adquirido el lote, no tenía dinero suficiente para afrontar la construcción.
La solución llegó a través de un proyecto en el que participaron Hábitat para la Humanidad, Procter & Gamble, Urbarium y Ekojunto. La vivienda fue levantada con 850 bloques encastrables fabricados a partir de aproximadamente 7,5 toneladas de residuos plásticos y demandó más de 800 horas de trabajo voluntario. Las llaves fueron entregadas a Mora en mayo de 2018.
El plástico utilizado provenía de residuos como botellas, bolsas, envases y empaques. Los bloques Bliqueplas se utilizaron principalmente para levantar las paredes, mientras que los cimientos, el techo, las instalaciones eléctricas y sanitarias, las puertas, ventanas y terminaciones se realizaron con métodos y materiales convencionales.
Una casa propia después de nueve años de ahorro
La historia comenzó con una meta concreta: Cindy Mora quería comprar un terreno donde vivir junto a su hijo.
Durante casi una década ahorró hasta conseguir el dinero necesario para adquirir un pequeño lote en el barrio de Lámparas, en Alajuelita, en las cercanías de San José.
Pero alcanzar esa primera meta dejó a Mora ante un nuevo problema: tenía el terreno, pero no contaba con los recursos necesarios para construir la vivienda.
El proyecto de construcción sustentable permitió resolver ambas cuestiones al mismo tiempo: darle un hogar a la familia y utilizar residuos plásticos como materia prima para levantar parte de la estructura.
Cómo construyeron la casa con 7,5 toneladas de plástico reciclado
Las paredes fueron levantadas con 850 bloques Bliqueplas, fabricados a partir de aproximadamente 7,5 toneladas de plástico reciclado.
El material procedía de diferentes residuos domésticos, entre ellos botellas, bolsas, envases y empaques. Luego de ser procesado, fue convertido en bloques que podían encastrarse unos con otros, de manera similar a piezas de un juego de construcción.
El sistema permitió reducir parte de la complejidad del montaje de las paredes, aunque no significó que toda la casa estuviera hecha de plástico.
La vivienda necesitó una construcción convencional para elementos fundamentales como los cimientos, el techo, las instalaciones eléctricas y sanitarias, las puertas y las ventanas.
También se realizaron revestimientos y pintura para completar la obra.
La casa luce como una vivienda tradicional
Una de las particularidades del proyecto es que el plástico reciclado prácticamente no se distingue desde el exterior.
Una vez terminadas las paredes, fueron revestidas y pintadas. Por eso, la vivienda tiene a simple vista una apariencia similar a la de cualquier construcción tradicional del barrio.
La diferencia está en el material que quedó incorporado en el interior de los muros: residuos plásticos que, en lugar de terminar descartados, fueron transformados en componentes constructivos.
El proyecto combinó así una necesidad social —el acceso a una vivienda— con una alternativa para reutilizar residuos difíciles de recuperar.
Más de 800 horas de trabajo para levantar la vivienda
La construcción no dependió solamente de los bloques reciclados.
Empleados, trabajadores y voluntarios vinculados con las organizaciones y empresas participantes aportaron más de 800 horas de trabajo para completar la vivienda.
En el proyecto participaron Hábitat para la Humanidad, Procter & Gamble, Urbarium y Ekojunto, que coordinaron recursos, materiales, conocimientos técnicos y trabajo voluntario.
El resultado fue una vivienda construida sobre el terreno que Mora había logrado comprar después de años de ahorro.
Las llaves fueron entregadas en mayo de 2018, cuando finalmente pudo comenzar a vivir allí junto a su hijo.
El contexto ambiental detrás del proyecto
La iniciativa también tuvo una dimensión ambiental. Costa Rica ya enfrentaba entonces un importante problema vinculado con la generación y disposición de residuos plásticos.
Documentos oficiales costarricenses citaban estimaciones según las cuales en 2017 se descartaban unas 564 toneladas de plástico por día en el país. Otras estimaciones señalaban que una parte significativa de ese material terminaba en el ambiente.
En ese contexto, transformar toneladas de plástico en materiales para una vivienda permitió mostrar una alternativa concreta dentro del concepto de economía circular: recuperar un residuo, procesarlo y convertirlo nuevamente en un producto útil.
La experiencia también permitió explorar una pregunta que continúa vigente: qué otros materiales descartados pueden reincorporarse a la construcción sin perder funcionalidad, seguridad ni durabilidad.