Una detenida protagonizó una violenta secuencia dentro de la Comisaría 6° de Allen: primero apareció en estado de intoxicación, luego golpeó a una policía cuando le secuestraron un frasco de clonazepam y, horas más tarde, incendió el colchón de su celda, desatando un episodio de alto riesgo que ahora investiga la Fiscalía. Desde el Servicio Penitenciario se resolvió su traslado urgente a la Unidad de Ejecución Penal II de Roca.
Todo comenzó cerca de las 21, cuando el personal que recorría el sector de calabozos detectó una detenida no estaba en condiciones normales. La vieron mareada, con poco equilibrio y con una actitud errática, la mujer encendió las primeras alarmas. En ese contexto, y siguiendo el protocolo, una cabo ingresó al calabozo para verificar la situación. Sin embargo, la requisa completa no arrojó resultados: no había elementos prohibidos a la vista. Aun así, la escena ya era tensa.
Pero la situación no se calmó. Por el contrario, escaló. La detenida comenzó a insultar al personal y, ante esa conducta agresiva, se dispuso su traslado a otro calabozo, con lo mínimo indispensable: colchón y frazadas. Parecía una medida de control, aunque lo que vendría después demostraría que el conflicto estaba lejos de terminar.
Más tarde, alrededor de las 22:40, la detenida pidió ir al baño. Hasta ahí, una rutina habitual. No obstante, los minutos empezaron a pasar y la demora llamó la atención. Cuando una agente ingresó al pabellón sanitario, se encontró con una escena inesperada: la detenida tenía en sus manos un frasco de vidrio oscuro con una etiqueta que decía clonazepam en gotas y contenido líquido en su interior.
Ese hallazgo abrió una incógnita inquietante. ¿Cómo había llegado ese medicamento hasta sus manos si minutos antes una requisa había dado negativo? La pregunta todavía no tiene respuesta, pero sí tuvo una reacción inmediata. Cuando la Policía le quitó el frasco, la detenida estalló: salió detrás de la agente y le lanzó un golpe de puño directo al rostro, provocándole una herida en el pómulo. La violencia ya era explícita.
A partir de ese momento, la tensión quedó instalada en el sector de calabozos. La mujer fue reducida y nuevamente encerrada, pero el clima estaba lejos de estabilizarse. De hecho, lo peor ocurrió horas después, a las 7:30, el oficial de guardia observó a través de las cámaras llamas dentro de una celda. Casi en simultáneo, los gritos de otros internos confirmaron el peligro. Cuando el personal llegó al lugar, el panorama era crítico: el colchón del calabozo donde estaba la misma interna estaba prendido fuego.
La intervención fue inmediata. Los efectivos lograron sofocar el incendio y sacar a la detenida de la celda, evitando que el episodio pasara a mayores. Sin embargo, el riesgo había sido concreto: fuego dentro de un espacio cerrado, con otros detenidos cerca, es una situación límite.
Además, hay otro dato que vuelve a generar ruido: apenas minutos antes, a las 7:15, se había realizado una nueva requisa sobre la interna, que nuevamente dio resultado negativo. Es decir, otra vez no se detectaron elementos que pudieran anticipar lo que ocurrió después.
Frente a este escenario, la fiscal de turno, Analía Cofré, ordenó la intervención del Gabinete de Criminalística y la incorporación de un informe a la causa judicial iniciada durante la madrugada. Ahora, la investigación buscará reconstruir paso a paso lo sucedido: desde el origen del clonazepam hasta cómo se inició el fuego dentro de la celda.
Mientras tanto, desde el Servicio Penitenciario provincial se dispuso el traslado inmediato de la interna a la cárcel de Roca, donde quedó alojada en el pabellón de mujeres.