Una caminata por una calle de San Carlos de Bariloche terminó en una pesadilla. Dos perros salieron de una propiedad, se abalanzaron sobre una mujer y uno de ellos la derribó y le destrozó la pierna izquierda a mordiscones. La agresión fue tan brutal que la víctima tuvo que atravesar cuatro cirugías, incluido un injerto de piel. Ahora, un fallo de la Justicia de Río Negro responsabilizó a la dueña de los animales y ordenó una indemnización de $20.818.991.
El ataque ocurrió sobre la avenida Tres Lagos, a la altura del kilómetro 15,355. La mujer caminaba por el lugar cuando los dos perros salieron de una propiedad. Uno era más grande y tenía un collar verde gastado; el otro, más bajo y robusto, fue directamente contra ella. Primero le tiró del pantalón y le bloqueó el paso hasta hacerla caer. Después le clavó los dientes en la parte posterior de la pierna izquierda y no la soltó.
La mordedura provocó heridas profundas que alcanzaron piel, tejidos y ligamentos. Una persona que pasaba por el lugar la auxilió y uno de sus hijos la llevó de urgencia al Sanatorio San Carlos. Allí debieron operarla pocas horas después del ataque y luego llegaron otras intervenciones. Dos meses más tarde tuvo que someterse a un autoinjerto de piel, además de semanas de curaciones y tratamientos.
Pero el ataque dejó mucho más que cicatrices. La víctima también necesitó asistencia psicológica por estrés postraumático y durante aproximadamente dos meses y medio no pudo desarrollar normalmente su actividad profesional. Con el paso del tiempo inició una demanda por daños y perjuicios contra la mujer a la que señaló como propietaria o cuidadora de los perros.
"Los perros no son míos"
La demandada negó todo. Dijo que los animales no eran suyos, aseguró que no tenía perros y hasta planteó que en la zona había otros animales negros que podían coincidir con la descripción de la víctima. También recordó que había sido sobreseída en el Tribunal de Faltas municipal porque en ese momento no se había podido determinar con certeza quién era el dueño de los animales.
El problema para la Justicia era que nadie había visto exactamente cuál de los perros mordió a la mujer. Tampoco existía una prueba directa que identificara al animal. Pero los testimonios de vecinos terminaron cerrando el cerco: varios aseguraron que dos perros negros salían habitualmente de esa propiedad, que uno era particularmente agresivo y que incluso podían escapar por los costados del portón aunque estuviera cerrado. Para el juez, esas declaraciones fueron coincidentes y se sumaron al resto de las pruebas.
El tribunal consideró que existían indicios “precisos y concordantes” suficientes para establecer que los animales pertenecían a la demandada y aplicó el régimen de responsabilidad objetiva por daños causados por animales. Así, ordenó pagar $20.818.991, de los cuales $10 millones corresponden al daño moral provocado por el ataque y sus consecuencias en la vida cotidiana, familiar, social y laboral. El fallo todavía no está firme y puede ser apelado.