La noche del 12 de marzo quedó marcada por el horror en Catriel. Cerca de las 21:30, en el interior de una vivienda, un joven desató un ataque brutal contra una adolescente en un claro contexto de violencia de género, utilizando un cuchillo y sin soltar a su bebé de apenas seis meses.
Según relató la fiscalía durante la audiencia de formulación de cargos, todo comenzó con una discusión que rápidamente escaló a un nivel extremo. El agresor, fuera de control, comenzó a lanzar cuchillazos contra la joven mientras sostenía a la pequeña en brazos, en una escena desesperante.
Pero la violencia no se detuvo ahí. De acuerdo a la teoría del caso, el hombre incluso alzó a la bebé en medio del ataque y continuó con los golpes y las agresiones con el arma blanca, mientras la víctima intentaba defenderse como podía para salvar su vida.
El episodio expone un vínculo atravesado por la violencia sostenida en el tiempo. La fiscalía encuadró el hecho como lesiones leves agravadas por ser cometidas por un hombre contra una mujer en un contexto de violencia de género, destacando una relación de poder desigual marcada por agresiones físicas, psicológicas y simbólicas.
Durante la audiencia, la defensora de menores acompañó la acusación y respaldó la necesidad de avanzar con medidas firmes. En esa línea, la fiscal solicitó la prisión preventiva, pese a que el acusado no cuenta con antecedentes penales.
Por su parte, la defensa oficial no cuestionó los hechos ni la calificación legal, aunque intentó que el imputado recuperara la libertad bajo condiciones, como una prohibición de acercamiento. Sin embargo, ese planteo no prosperó. Finalmente, la jueza de Garantías resolvió imputar formalmente al agresor, habilitar la investigación penal preparatoria y dictar prisión preventiva por dos meses. La decisión se basó en los riesgos de fuga y en la posibilidad de que el acusado entorpezca la causa.