No hubo sirenas ni corridas. Apenas movimientos calculados, miradas que se cruzan y un cierre preciso. Así terminó, en el barrio Los Olmos de Cipolletti, la fuga de Gabriela del Carmen Villegas Acuña, una mujer que llevaba semanas esquivando a la Justicia y que estaba marcada con una alerta roja de INTERPOL.
La historia había empezado a deshilacharse el 19 de marzo. Ese día, Villegas Acuña dejó de estar donde debía: la vivienda donde cumplía arresto domiciliario. Desde entonces, el expediente sumó una palabra clave: rebeldía. Y con ella, el despliegue silencioso de la Policía Federal Argentina.
Lo que siguió fue un trabajo de hormiga. Inteligencia, seguimientos, reconstrucción de vínculos. Nada espectacular a simple vista, pero efectivo. Los investigadores empezaron a rodearla sin que lo notara, marcando puntos en la zona norte de la ciudad hasta acotar el margen de error.
El operativo cerró en Los Olmos. Allí, en la trama cotidiana del barrio, los efectivos lograron identificarla. No hubo margen para otra fuga: la detención fue inmediata.
Detrás del procedimiento hay un caso pesado. Sobre Villegas Acuña pesan cargos que en Chile no pasan desapercibidos: privación ilegítima de la libertad, delitos contra la integridad sexual y violaciones a la ley de armas. Esa combinación fue la que activó la alerta internacional y el pedido de extradición.
Tras la captura, la trasladaron a General Roca, a una sede de la Policía Federal, donde permanece bajo estrictas medidas de seguridad. Ahora, el proceso entra en otra etapa: la judicial.