Axel Adrián “Chinito” Araneda seguirá tras las rejas: la Justicia le prorrogó la prisión preventiva por cuatro meses por el terrible choque sobre la Ruta 22, en el que murieron cuatro personas. La clave del caso dio un giro en las últimas horas: se comprobó que manejaba borracho, pero los estudios toxicológicos descartaron que estuviera bajo los efectos de drogas. De todas maneras, la jueza de Garantías no hizo lugar al peddio de excarcelación de los abogados defensores del joven allense.
En cambio, la magistrada Claudia Lemunao, hizo lugar al pedido de la fiscal Celeste Benatti. De esta manera, Araneda continuará detenido al menos hasta el 21 de julio, mientras avanza la investigación por el brutal siniestro ocurrido en Allen.
Ahora bien, uno de los puntos más sensibles de la causa quedó aclarado: los análisis confirmaron que el imputado no había consumido estupefacientes. Sin embargo, lejos de aliviar su situación, se ratificó que conducía con 0,94 gramos de alcohol en sangre, un dato que, aunque no alcanza para el agravante legal más severo, expone una conducta imprudente al volante.
En ese contexto, la fiscalía reformuló la acusación y puso el foco en lo que considera determinante: la velocidad extrema. Según la pericia accidentológica, la Amarok que manejaba el “Chinito” circulaba a unos 170 km/h en una zona donde la máxima permitida es de 130. Es decir, una bomba lanzada sobre el asfalto.
Además, Benatti sostuvo que el peligro de fuga sigue vigente. Argumentó que Araneda cuenta con medios económicos y antecedentes de viajes, lo que podría facilitar una eventual evasión. También remarcó que, en caso de ser condenado, enfrentaría una pena de cumplimiento efectivo.
Por su parte, la querella acompañó el planteo y pidió que la prisión preventiva se mantenga en línea con los tiempos de la investigación. Del otro lado, la defensa intentó frenar la prórroga: aseguró que la acusación "se viene debilitando" tras la caída del agravante por drogas y cuestionó la pericia de velocidad, señalando un posible margen de error del 10%.
Sin embargo, esos argumentos no alcanzaron. La jueza entendió que aún restan medidas clave, como la reconstrucción del hecho y la apertura de celulares prevista para el 18 de mayo. Ese análisis buscará determinar si Araneda utilizaba el teléfono al momento del choque, un dato que podría complicarlo aún más.
Choque y fuego
Pero detrás de los tecnicismos judiciales hay una tragedia imposible de borrar. Todo ocurrió el 21 de noviembre de 2025, en el kilómetro 1304 de la Ruta 22. La potente Volkswagen Amarok V6 del imputado impactó a toda velocidad contra una Ford EcoSport que estaba detenida sobre la calzada, en la via izquierda de la autopista.
El golpe fue devastador. El vehículo de las víctimas fue arrastrado más de 30 metros y terminó envuelto en llamas. Murieron calcinados la médica Liliana Cocuzza, una de sus hijas y dos menores, sus nietos. También falleció el perro de la familia.
En tanto, el único que sobrevivió fue el conductor de la EcoSport, de apellido Pastor, que se había bajado segundos antes para acomodar un portaequipaje. Un movimiento mínimo que le salvó la vida. Todos viajaban desde Catriel a Las Grutas apra pasar un fin de semana largo.
La madre de los niños no viajaba con ellos: se había quedado en la ciudad porque estaba a punto de dar a luz. Un detalle que vuelve la historia aún más desgarradora.
De esta manera el “Chinito” Araneda continuará detenido. No hubo drogas, pero sí alcohol y, según la acusación, una velocidad que convirtió una ruta en escenario de muerte.