Más de cinco kilos de cocaína que eran transportados en un colectivo de larga distancia con destino a San Carlos de Bariloche fueron detectados durante un control de rutina de Gendarmería Nacional y terminaron con un detenido y una investigación federal en marcha. La droga estaba distribuida en cinco ladrillos de aproximadamente un kilo cada uno y llevaba grabada la figura de un delfín, una marca que aparece en distintos cargamentos secuestrados en el país y que los investigadores han relacionado históricamente con redes de narcotráfico de gran escala y altísima pureza.
El procedimiento comenzó durante la noche del sábado 12 y se extendió hasta la madrugada del domingo 13 de septiembre, cuando los efectivos de Gendarmería realizaban un control sobre un colectivo de larga distancia. Lo que parecía una inspección de rutina terminó poniendo al descubierto un cargamento que viajaba oculto y que tenía como destino final la ciudad cordillerana.
Un perro mandó al frente al "delfín"
A partir de allí, el trabajo del personal especializado permitió detectar algo que no estaba a simple vista. Un perro antinarcóticos marcó la presencia de estupefacientes y el procedimiento fue profundizado con un escáner portátil. La combinación de ambas herramientas permitió localizar la droga y avanzar con el secuestro de los cinco panes.
Pero había otro detalle que llamó especialmente la atención de los investigadores. Los ladrillos tenían estampada en relieve la figura de un delfín. No se trata de un dibujo cualquiera: esa marca aparece en numerosos procedimientos contra el narcotráfico y durante años fue vinculada con Reinaldo Delfín Castedo, conocido como "El Patrón del Norte". Sin embargo, los investigadores especializados advierten que el sello no alcanza por sí solo para determinar quién produjo o envió la droga, ya que también fue encontrado en cargamentos que no pudieron ser atribuidos a esa organización.
Precisamente por eso, el delfín aparece en esta causa como una pista y no como una conclusión. Este tipo de marcas puede aportar información sobre el origen, el proveedor o las características de la sustancia, pero la Justicia necesita otros elementos para reconstruir la ruta completa de la droga y determinar quién estuvo detrás de la operación.
El sello funciona como una garantía de calidad de alta pureza, superior al 90%, y producción proveniente de Perú o Bolivia y es utilizada en el ambiente ilegal casi como una franquicia.
Mientras el procedimiento avanzaba, Gendarmería puso el caso en conocimiento del fiscal federal interino de Viedma, Marcos Escandell. A partir de ese momento comenzó a intervenir la Justicia Federal y se dispusieron las medidas necesarias para profundizar la investigación. El juez federal de Bariloche, Leandro Gómez Constela, se encontraba de turno en Viedma y autorizó las medidas solicitadas por la Fiscalía.
Como consecuencia de la investigación, una persona quedó imputada y con prisión preventiva. Actualmente permanece alojada en la cárcel federal de Viedma, mientras los investigadores intentan establecer no solamente quién transportaba los cinco kilos, sino también quién los había enviado y quién debía recibirlos en Bariloche.
Por ahora, una de las pocas certezas sobre el recorrido del cargamento es que la droga había salido desde la zona de Retiro, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y viajaba hacia la ciudad cordillerana. El resto de la ruta permanece bajo reserva judicial.
Y justamente allí aparece el dato que puede transformar un procedimiento de cinco kilos en una investigación mucho más profunda: quién estaba detrás de ese viaje y qué lugar ocupaba Bariloche dentro de la cadena de distribución. El sello del delfín puede aportar una pista, pero será la investigación federal la que determine si esa marca conduce realmente hasta un proveedor, una organización o simplemente a una identificación utilizada dentro del mercado ilegal de la cocaína.