El empresario denunciante, el ex polista Hugo Alberto Barabucci, ya había encendido la polémica al reconocer que compró miles de hectáreas al sur de Bariloche con dos millones de dólares aportados por el emir de Abu Dhabi. Ahora, la Justicia terminó de sacudir el caso: sobreseyó a la mujer mapuche acusada de usurpar esas mismas tierras por falta de pruebas.
El fallo del juez Marcelo Mellinger no dejó margen para dudas. No hubo despojo, no hubo ocupación efectiva y, por lo tanto, no hubo delito. La acusación contra la integrante de la comunidad Lof Cayunao se desmoronó en pleno juicio, empujada por un dato clave: ni siquiera los propios testigos del denunciante pudieron señalar con precisión los límites del campo.
Con ese escenario, la causa empezó a caerse pieza por pieza. Porque mientras se intentaba sostener una supuesta usurpación, lo que apareció fue otra realidad: un campamento precario, de corta duración, sin control territorial y sin desplazamiento del propietario. En otras palabras, un reclamo, no una ocupación ilegal.
Pero el golpe más fuerte ya había ocurrido antes y cambió por completo la lectura del caso. Fue el propio Barabucci quien admitió que esas tierras, unas 14 mil hectáreas, fueron adquiridas con financiamiento proveniente de Emiratos Árabes. La revelación no solo expuso el origen de la propiedad, sino que dejó flotando interrogantes sobre la legalidad y las condiciones en las que se concretó la operación.
A partir de ahí, el eje del conflicto se corrió. Ya no se trataba únicamente de una denuncia penal, sino de un escenario mucho más complejo, atravesado por capitales extranjeros, tierras estratégicas y reclamos territoriales. Incluso, durante el proceso, se planteó la necesidad de investigar la compra del campo.
En paralelo, los testimonios terminaron de debilitar la acusación. Los propios empleados de la estancia reconocieron dificultades para identificar los límites del predio, un punto que resultó determinante. Sin delimitación clara, sostener una usurpación se vuelve prácticamente imposible.
Así, lo que comenzó como una denuncia por ocupación ilegal terminó con un fallo que expone algo mucho más profundo. La Justicia cerró la causa contra la mujer mapuche, pero dejó abierta una discusión incómoda: la de unas tierras millonarias cuyo origen, lejos de aclararse, ahora genera más dudas que certezas.