Un operativo dentro del Establecimiento de Ejecución Penal 1 de Viedma dejó al descubierto un kiosco narco en pleno funcionamiento dentro de la cárcel, con droga fraccionada, escondida en objetos cotidianos y lista para ser vendida entre los internos. Hallaron ketamina, marihuana y psicofármacos
El procedimiento se llevó a cabo pasadas las 18 de ayer, cuando el personal penitenciario realizó una requisa en el sector de internos condenados. En tres celdas aparecieron distintos tipos de sustancias, ya divididas en dosis, lo que confirma que no se trataba de consumo personal, sino de un circuito activo de distribución.
Primero, en una zapatilla deportiva, los agentes descubrieron 20 envoltorios de nylon con marihuana, que en total alcanzaban los 28 gramos. Pero eso fue solo el inicio. Minutos después, al revisar una mochila colgada de una cama, apareció una piedra compacta de cannabis de 75 gramos, junto a varios envoltorios con ketamina granulada.
Sin embargo, el nivel de ocultamiento fue aún más llamativo. En otro bolso encontraron 8 gramos adicionales de marihuana, mientras que en la parte superior de una estantería metálica, dentro de un simple mate de plástico, había más envoltorios con ketamina, que sumaban 1,5 gramos. Un escondite insólito que refleja hasta qué punto se había naturalizado el movimiento de droga dentro del penal.
Pero eso no fue todo. Durante la requisa también secuestraron comprimidos de origen dudoso: algunos con la inscripción “ALP”, compatibles con psicofármacos, y otras pastillas de colores verde y anaranjado, cuya procedencia todavía genera dudas. Todo estaba junto, mezclado, como parte de un mismo circuito.
Luego, los test orientativos confirmaron lo que ya era evidente: las sustancias eran cannabis y ketamina. Las sustancias estaban fraccionadas, listas para circular dentro de la cárcel, en un contexto donde su presencia agrava la convivencia.